TRAMPA I Y TRAMPA II
El díptico organiza su sentido a partir de la relación secuencial entre ambas imágenes, donde la composición de cada estampa funciona como un sistema cerrado pero dependiente de la otra. En Trampa I, la estructura cúbica y la reiteración de líneas paralelas generan una espacialidad rígida, reforzada por el predominio del negro como campo envolvente. El uso de la perspectiva axonométrica y la modulación lineal establecen un orden mecánico que concentra el peso visual.
En Trampa II, ese orden se quiebra: la composición se abre mediante diagonales y una expansión centrífuga de formas que intensifican el movimiento. El contraste entre planos negros y blancos se vuelve más dramático, y el ritmo se acelera por la fragmentación del dibujo y la irrupción de elementos dinámicos. Técnicamente, la coherencia gráfica unifica el conjunto, mientras que la variación compositiva introduce una lectura narrativa y tensional entre contención y liberación.