AGRICULTURA Y GANADERIA

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Secretario Administrativo SR. DARRE JUAN AGUSTIN

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  • AGRICULTURA Y GANADERIA

Reunión del día 15/11/2016

- PRIMERA JORNADA DE CARÁCTER INFORMATIVO: MEJORA GENÉTICA, LOS DERECHOS Y EL COMERCIO DE SEMILLAS, EN LA QUE ESTUVIERON PRESENTES REPRESENTANTES DE: ASOCIACIÓN DE SEMILLEROS ARGENTINOS, INSTITUTO NACIONAL DE SEMILLA, INSTITUTO NACIONAL DE TECNOLOGÍA AGROPECUARIA, SOCIEDAD RURAL ARGENTINA, MAIZAR, AAPRESID,BAYER, ACSOJA, UBATEC, FADA, BUCK SEMILLAS, SEMILLAS KLEIN, IARAC, CRA, ARGENTRIGO,CASEN, AACREA Y DE BIOCERES

SR. PRESIDENTE ALEGRE Damos comienzo a la reunión de la Comisión de Agricultura y Ganadería del día de la fecha.

Agradecemos la presencia de todos aquellos que no integran la Cámara de Diputados.

Hoy empezaremos a dar tratamiento al proyecto de ley de semillas. Se trata de un tema que estuvo demorado durante el año porque sin ninguna duda presenta muchísima complejidad y dificultades.

El 17 de octubre ingresó el proyecto de modificación de la ley por parte del oficialismo. Nosotros habíamos acordado con el viceministro de Agroindustria y con el jefe de Gabinete de Ministros esperar el proyecto del oficialismo para empezar a dar tratamiento al tema. Una vez que ingresó, convocamos a esta reunión a modo de inicio del debate con el fin de escuchar a todos los involucrados e interesados, ya sean obtentores, empresas de desarrollo tecnológico nacional e internacional, cooperativas, etcétera. Invitamos a todos.

La idea es conocer la visión concreta de cada uno respecto del proyecto de ley de semillas. Sé que no es fácil ocupar el lugar que estoy ocupando. En este momento estamos presionados por distintos sectores, algunos de los cuales están apurados porque la ley se sancione y otros porque eso no ocurra. En este sentido, quiero decirles que la Presidencia de la comisión, así como buena parte de sus integrantes, estamos dispuestos a trabajar lo que sea necesario para intentar dictaminar este año. Si el Poder Ejecutivo y los legisladores disponen que es necesario, el jueves al mediodía en sesión especial daremos tratamiento a este tema, conjuntamente con un tema que quedó pendiente sobre lechería. Si esto no fuera posible, seguiremos trabajando hasta el año que viene. Pero dadas las urgencias y presiones no quiero que se piense que en la Cámara de Diputados la Presidencia de esta comisión está poniendo obstáculos para que no se apruebe este proyecto.

Nosotros tenemos la mejor voluntad e intención, y nos avenimos a lo que sea necesario para tratar de dar respuestas al mundo de la producción en un tema tan complejo y delicado como es el de la ley de semillas, que no involucra solamente a la producción sino también a la comercialización, tanto nacional como internacional.

Es un gusto estar acá y que empecemos a tocar este tema con el corazón abierto y la mejor voluntad para encontrar una solución.

Tiene la palabra el señor diputado Basterra.

SR. BASTERRA Señor presidente: con respecto a lo que usted acaba de expresar, quiero transmitir que esta temática viene desarrollándose hace ya varios años, con inquietudes que representan intereses en muchos casos casi antagónicos.

Aquí estamos varios de quienes hemos participado de este debate. A mí me consta que se viene discutiendo al menos desde hace cinco años. En primera instancia, este debate se llevó a cabo en la CONASE. Ha habido varios intentos de llegar a consensos, con aproximaciones variables y progresivas, que nos están dando un basamento importante para tomar decisiones para la modificación de una ley que ya tiene varias décadas de vigencia. Evidentemente, este tema demanda un análisis para que las modificaciones permitan que la ley se ajuste a las nuevas realidades del sector, incluyendo las cuestiones tecnológicas.

En función de esto, quiero acompañar la decisión que usted está planteando, más allá de que creo que no va a ser posible dictaminar este año. Pero valoro su gesto, y quiero decir que usted ha sido innecesariamente maltratado. Esta temática es muy compleja y requiere ser debatida en profundidad.

Porque si estuviéramos ante un proyecto unificado en el que todos estamos de acuerdo, quienes tenemos responsabilidad por la demora podríamos tildar su actitud. Por el contrario, lo que nosotros valoramos es la actitud que ha tenido de convocar a todos y cada uno de los interesados en debatir esta temática.

No es una temática sencilla. Estamos discutiendo sobre posiciones doctrinarias de la materia y sobre intereses. En consecuencia, eso demanda que tomemos el tiempo necesario.

No obstante, entendemos que hubo una situación que ha sido de posición dominante en términos del marco normativo actual. Esto significa una actitud monopólica por parte de una firma. En su momento aparentó frenarse, pero simplemente fue una dilación por la decisión que tomó el Poder Ejecutivo. Si este último quiere colaboración, estamos dispuestos a invitar y convocar para desarrollar opiniones y acompañar una decisión para que no se ejerza ese poder monopólico sobre lo que va a ser la próxima campaña.

Lo más importante es construir una ley que se ajuste, por lo menos, al interés nacional y que comprenda la mayor parte de los intereses de quienes están involucrados en la producción agropecuaria. Mientras tanto, que el Poder Ejecutivo tome la decisión -si es que está convencido y ese ha sido su discurso- y luego la trasmita en una normativa para que nosotros podamos analizarla, debatirla y compartirla, si eventualmente estamos de acuerdo.

Si el próximo jueves ustedes desean tratar el dictamen de lechería, nosotros acompañaremos la iniciativa, también para continuar con este espacio de información donde estamos escuchando a los autores y actores de lo que se refiere al tema de las semillas. Sabiendo que hoy hay propuestas, más allá de las que realizaron algunos legisladores, como en el caso del señor diputado Casañas y, en su momento, del señor diputado Barcheta. Hoy, más allá del CONACE, se están expresando formalmente los actores que intervienen en esta temática.

Sugiero que analicemos la factibilidad de no tener una reunión frustrada el próximo jueves. De todos modos, si efectivamente se puede realizar participaremos de la reunión y a la vez vamos a profundizar en escuchar todas las voces respecto de esta problemática.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Esta reunión está convocada para escuchar a trece expositores invitados. Cada uno de ellos contará con quince minutos para hacer uso de la palabra. El moderador será un asesor de la comisión, el licenciado Marcelo Paladino.

En primer término hará uso de la palabra el ingeniero Guillermo Bernaudo.

SR. BERNAUDO Señor presidente: desde 2004 estoy involucrado en este tema y por eso quiero agradecer y felicitar al presidente de la comisión. Como dijo el señor diputado Basterra, está la decisión de debatir este tema y los tiempos tienen que estar en función de encontrar el mejor camino y solución. Para una ley que tiene cuarenta años, con doce o quince de debate sin saldar, me parece saludable que se puedan tomar los tiempos.

Sería un buen objetivo empezar la siembra de trigo con una ley que tenga un nivel de consenso suficientemente amplio, donde cada uno sea capaz de modificar sus intereses con madurez y responsabilidad, para acompañar los de otros y así favorecer el interés general. Porque sin duda el tema de la semilla y de la cadena de valor agregado es de interés general en la Argentina, trasciende al sector productivo y tiene que ver con las grandes finanzas de la Nación.

Esa fue la visión que tuvo el Poder Ejecutivo.

Le pedimos disculpas al presidente de la comisión por la demora, pero es un tema que venía siendo complejo. La presentación de una propuesta del Poder Ejecutivo avalada por el presidente de la Nación nos llevó a demorar más de lo que hubiéramos querido.

Nuestra propuesta de modificación quiere ir por lo simple, por minimizar los puntos de debate, focalizarnos en los lugares más críticos de la problemática y proponer una modificación de ocho artículos de la ley 20.247. El proyecto está contenido en el expediente 0030-pe-2016. No voy a hablar en detalle del texto, pero sí de los objetivos que tuvo el Poder Ejecutivo en la propuesta de modificación.

Para mí hay tres ejes centrales. Un primer punto es el fortalecimiento del INASE a través de dos o tres acciones concretas. Se trata de la facultad del INASE de actuar sobre los productos, sobre el grano, en términos de fiscalizar lo que tiene que ver con las semillas. La resolución 207 fue la que buscó saldar este conflicto del control de los puertos que tuvo lugar el verano pasado y entendemos que fue una conducta que facilitó el proceso.

Probablemente algunos de los problemas que hoy se visualizan tengan que ver con la interpretación de lo que es, pero no está en el Poder Ejecutivo la idea de modificar contratos privados firmados con anterioridad al dictado de la resolución.

De manera tal que uno de los puntos de la reforam está dado por esa visión de que el INASE pueda fortalecer el trabajo, como lo está haciendo a partir del dictado de la resolución 207, pero formalizado también en la voluntad del Congreso Nacional de tener esas facultades.

El otro punto es ordenar algo respecto de lo cual hay coincidencia por parte de todos los sectores y que se relaciona con la composición del directorio en la ley original del INASE, dando igual participación a los sectores privado y público. En una versión original estaba desbalanceada, con dos participantes menos en el directorio. En eso también hay una coincidencia general de todos los actores.

Estamos hablando de una reforma de ocho artículos, en cinco de los cuales hay una coincidencia absoluta. Por eso es importante destacar las coincidencias.

Lo que hará esta reforma del INASE es que todos los actores de la cadena se involucren en la dirección del organismo. Nos parece fundamental porque si hoy hay problemas en cuanto al mercado ilegal de semillas, a la importación ilegal de semillas, a los cultivos no autorizados que están multiplicando semillas, a la totalidad de la cadena comercial y a sus actores involucrados en esta situación, corresponde que toda la cadena se haga cargo y, junto con el Estado, participe en la dirección del INASE.

Hay otro punto que tiene que ver con la excepción del fitomejorador. Más allá de que pueda haber una discrepancia con la redacción propuesta -estamos dispuestos a que esos aspectos se corrijan-, en toda la cadena de valor hay coincidencia en la excepción del fitomejorador, en el sentido de que se modernice con respecto a su versión original del artículo 25 para llevarlo a ser capaz de atender las innovaciones tecnológicas.

El tercer componente, que es el que tiene mayor nivel de diferencias, tiene que ver con dos aspectos. Mediante el proyecto de ley del Poder Ejecutivo proponemos que todos los pagos por la totalidad de la propiedad intelectual que pueda contener una semilla se hagan en un solo acto. Esto comprende el caso en que hay una venta de semillas como aquel en el que hay un pago por el uso propio de semillas, en cuyo caso deberán pagarse en un solo acto todos los derechos de propiedad intelectual.

Si trasladáramos al cultivo de las autónomas la cantidad de eventos biotecnológicos que puedan quedar involucrados en el maíz, podría llegar a ocurrir que un productor, un chacarero, pasara a buscar con un chasis por el distribuidor la semilla en el pueblo y tuviera que firmar siete contratos antes de salir para pagarle a distintos proveedores en diferentes momentos del año. Nos parece que ese mecanismo es absolutamente impracticable.

Lo que buscamos a partir del artículo que se propone es que todo el cobro se haga en un único pago. Es como cuando un compra un teléfono o un auto: hay muchísimas más patentes adentro, pero uno le paga el proveedor todos los actores se dan por pagados, más allá de que pueda haber o no pagos posteriores.

Nosotros sugerimos que se paguen todos los derechos a un solo proveedor y que éste sea conocido por aquel que compra la semilla.

Otro aspecto al que quiero referirme es la restricción del derecho al uso propio del agricultor. Estamos viendo la modificación del artículo 27 desde ese lugar. La redacción original de este artículo prevé el uso propio del agricultor como una excepción al derecho del obtentor. Nosotros proponemos que se restrinja ese derecho a uso propio desde dos lugares. En primer término, por escala, es decir, todo productor que esté inscripto como agricultor familiar, que pertenezca al sistema comunitario o que facture menos del equivalente a tres monotributos estará exento de cualquier forma de pago por uso posterior, más allá del pago en la compra.

En segundo lugar, de acuerdo con nuestra propuesta, aquel que exceda los tres monotributos como facturación total anual tendrá que pagar por la primera multiplicación, por las tres primeras multiplicaciones por la compra de las semillas y por todo el uso incremental. Si compra para cien hectáreas, paga en la semilla y paga tres multiplicaciones por las cien hectáreas. Si por uso propio pasa a sembrar con esas semillas 150, 180 o 200 hectáreas, por ese excedente sigue pagando todos los años y en cada uso.

Esta propuesta no es arbitraria, sino que tiene toda una fundamentación matemática que no queremos desarrollar ahora, pero podemos atender consultas puntuales. Es capaz de atender, con el 40 por ciento de los productores de los cultivos extensivos más importantes, como la soja y el trigo, casi el 80 por ciento del área. En consecuencia, estamos limitando el derecho de uso propio del agricultor y poniéndolo en carga del sector de mayor poder adquisitivo y capacidad de pago.

Reiteradamente nos han dicho que este punto viola acuerdos internacionales. En primer término quiero decir que con solo leer el texto de la modificación del artículo 27 está claro que nos referimos al obtentor; en ningún momento se habla de otro derecho. Es cierto que otros derechos como las patentes se vinculan a través del artículo 24.

De cualquier manera, ninguno de los derechos, sea el de obtentor por los años que fuera otorgado o los veinte años de las patentes que pudieran estar dentro de las semillas, se ven alterados. Lo que estamos proponiendo es un sistema de pago. Durante los veinte años que tenga registrada la patente, en cada venta tendrá derecho a cobrar sobre cualquiera de sus licenciatarios. Además, podrá ejercer todos los derechos que considere por la vía judicial.

Estamos proponiendo un mecanismo de pago que sea capaz de atender la viabilidad de la sanción de una ley. Y desde el lugar en que estamos, restringiendo el derecho al uso propio ilimitado que hoy tiene el agricultor.

En la práctica, en la Argentina se han buscado muchísimos caminos para que el desarrollo tecnológico pueda percibir la remuneración que le corresponde con los nuevos costos y tecnologías.

Para los sistemas que tienen que ver con el germoplasma existe un proyecto que funciona en base a contratos, donde el cobro se hace a través de la asociación de los desarrolladores. Y objetivamente el pago era una tasa del 15 por ciento del área sembrada en lo que tiene que ver derechos y un 15 por ciento en semillas.

Con respecto a los eventos biotecnológicos, estamos hablando, como caso de muestra de un solo evento, de una sola especie provista por una única compañía. Es importante que seamos capaces de discutir este proyecto con los tiempos que hagan falta pensando en el germoplasma y también en la biotecnología, pero siendo conscientes de que no estamos discutiendo un evento de una especie o compañía, sino que tenemos que discutir con una visión mucho más amplia.

Para un único evento de una sola especie la compañía buscó alternativas de derecho de patentes en el tema de control en los puertos. Estos sistemas no pueden generalizarse y no puede trabarse el comercio de granos. Por eso estamos proponiendo unificar los pagos.

Se nos dice a veces que estamos queriendo separar la biotecnología del germoplasma. Por el contrario, estamos proponiendo que quien es el titular de la variedad y la pone en el mercado, que es licenciatario de algún evento biotecnológico, organice el pago internamente como un proveedor más de su tecnología, como sucede con el resto de los productos.

Esta es nuestra posición respecto del proyecto de ley. Quedamos a disposición de los señores diputados para las consultas que quieran hacernos y reiteramos la felicitación al presidente de esta comisión por haber puesto este tema sobre la mesa. Esta casa es el lugar donde se tiene que dar la discusión para saldar los conflictos de intereses. Seguramente, de todos los sectores involucrados en la cadena de valor va a surgir la buena voluntad para llegar a saldarlos. Parte de la competitividad del sector industrial argentino depende de la madurez con que sepamos resolver este problema.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor representante de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSOJA), ingeniero Rodolfo Rossi.

SR. ROSSI Señor presidente: muchas gracias por su invitación. También agradezco a toda la concurrencia por estar participando en esta jornada única, que yo calificaría de histórica, porque es la primera vez que se convoca a tanta gente para debatir un tema recurrente en la historia de la agricultura argentina, como es el de las semillas.

En representación de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina, voy a dar lectura de un documento. Dice así: "Agradezco la invitación para informar sobre la opinión de ACSOJA -la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina- sobre el tratamiento del proyecto de ley de semillas y las modificaciones a la ley que esta comisión honorable está iniciando.

"Brevemente, voy a presentar a ACSOJA, la entidad de la cual soy presidente en la actualidad. Es mi cuarto período de manera alternada, por eso conozco los esfuerzos que hemos hecho en pos de lograr acuerdos para un marco legal definitivo. Acuerdos y consensos, como ocurrió con otros temas muy importantes de la Cadena. Si bien fueron muy laboriosos, hubo un total acuerdo.

"Somos una asociación que cumplió doce años de existencia, que reúne entidades, cámaras y organismos oficiales y cuyo objetivo principal es sustentar y defender al complejo sojero en su totalidad, y fomentar las investigaciones en todas sus áreas. Para ello, mantenemos permanentes contactos con organismos políticos e instituciones públicas y privadas a nivel nacional e internacional.

"Estamos integrados por seis sectores: Ciencia y Tecnología, Producción, Insumos, Comercio, Industria y Servicios. Tenemos entidades públicas y privadas.

"Los socios plenarios de ACSOJA en este momento son treinta y cuatro. Las personas jurídicas y empresas solamente pueden ser socias adherentes. Esto diferencia a nuestra Asociación de otras que contamos en el país.

"Somos conscientes de que tenemos la gran responsabilidad de representar al sector más importante de nuestra economía y del sector exportador, generando divisas que tienen impacto en la creación de valor y en la sociedad toda.

"Como siempre decimos, si bien nuestra cadena tiene ventajas competitivas y comparativas enormes que la han llevado a este nivel, otras circunstancias políticas y económicas han generado un nivel relativo de crecimiento que repetidamente hemos considerado no apropiado para el sostenimiento de la misma. Hoy estamos viviendo una etapa en que el crecimiento de otros sectores de la economía agropecuaria garantizan el afianzamiento del sector, y esperamos que a nivel industrial se generen condiciones de crecimiento y competitividad que balanceen a nuestra economía.

"Haciendo un análisis exhaustivo de nuestras fortalezas y debilidades, desde hace décadas que el sector reclama un nuevo marco en cuanto al tema semillas, más adecuado a los tiempos tecnológicos y a la importancia que en la cadena tiene mantenerse competitivo.

"Productores competitivos, empresas competitivas, cadena competitiva, país competitivo.

"Representamos a la soja, pero indudablemente hemos analizado que una futura ley incluye a numerosas especies, muchas veces olvidadas, y en las cuales el impacto favorable sería inmenso. Hoy estamos compitiendo con las cadenas del mundo y ser más competitivos fortalecerá nuestro rol en alimentar a los argentinos y generar las divisas que el país necesita.

"Dentro de las debilidades de la cadena de la soja, un tema recurrente ha sido la falta de un marco adecuado en la defensa de la propiedad intelectual en semillas y que permita el acceso de los productores al germoplasma moderno y las tecnologías asociadas. Internamente no lo hemos podido resolver ni solos ni con la ayuda del Estado, muchas veces ausente, pero que en estos años se han realizado esfuerzos que debemos reconocer, tanto en formular propuestas como en acercar posiciones para lograr consensos.

"Hoy nos encontramos en una etapa que realmente entusiasma porque todos hemos visto que el tiempo se nos va de las manos sin resolver el problema.

"Los proyectos de ley que se acercaron a esta casa son diferentes entre sí, pero en mayor o menor medida muestran la voluntad de sumar a una solución definitiva. ACSOJA reafirma que es perentorio el tratamiento legislativo del tema y la concreción tan ansiada de un nuevo marco legal. Lamentamos que el año 2016 se nos esté agotando para la concreción.

"Pensamos que hubo limitantes para el acuerdo, ya sean filosóficas, políticas, económicas, ideológicas, sociológicas y, me atrevo a decir, muchas veces por posiciones personales y o empresariales discutibles, manteniendo algunos mitos que han sido superados en el mundo moderno, en países que deben alimentarse y alimentar al mundo. Tal es el caso de nuestros vecinos del Cono Sur americano.

Dentro de la cadena de la soja son dos los sectores que no han encontrado un acuerdo, principalmente los obtentores incluidos en el sector de insumos y los productores en el sector de la producción. Sin embargo, la preocupación se extiende a todos los actores de la cadena, con especial preocupación en ciencia y tecnología. Aunque todos entienden que estamos discutiendo competitividad, a la vez quieren evitar los problemas comerciales que hoy estamos padeciendo.

"Me corresponde ilustrar a la audiencia de algunos conceptos muy caros al sector científico, tecnológico y de insumos que toda la cadena reconoce. El mejoramiento genético, se ha definido históricamente como 'ciencia y arte', hoy se ha transformado en lo que llamamos el mejoramiento genético molecular. A éste lo definimos como un conjunto de principios científicos, métodos, técnicas y estrategias aplicadas a la obtención de genotipos o grupos de genotipos con características deseables según objetivos previamente definidos.

"La consecuencia más importante que genera el mejoramiento vegetal es el incremento y la protección de los rendimientos y este se ha logrado por la misma ganancia genética, por la ganancia del manejo debido a practicas agronómicas y por la interacción entre ambas.

"Es a partir de 1980 en que las nuevas herramientas de mejoramiento molecular, permitieron relacionar fenotipos con secuencias nucleotídicas en generaciones sucesivas e identificación y manipulación de secuencias específicas de ADN.

"A partir de esto se distinguieron tres áreas mayores. La primera es la de la ciencia genómica, que define la estructura genómica, y luego la genómica funcional que son los genes y sus interacciones. Esto se construye sobre la base de laboratorios automatizados y bioinformatica.

"La segunda es la de la transformación genética, representada por los organismos genéticamente modificados.

"La tercera es la de la selección asistida por marcadores moleculares, que identifica fragmentos del ADN que reconocen partes discretas del genoma para transferirlo a las distintas generaciones.

"Esto de manera muy breve deja bien en claro que estamos ante una época diferente a cuando se hizo la ley 20.247, del año 1974, que si bien tuvo y permanece con valor, hoy necesita adecuarse a una nueva realidad.

"Por otro lado, la necesidad de mejorar el índice de productividad para producir más con menos porque el mundo lo demanda y por la escasa superficie agrícola y agua disponible para producir alimentos de manera sustentable, hace necesario incorporar alternativas y las promesas que el mundo científico está ofreciendo, reconociendo que varias de éstas hoy son realidades.

"Varios trabajos independientes de alta credibilidad, han demostrado que la incorporación de las tecnologías ha impactado enormemente en toda la cadena productiva. Es el productor el que se beneficia, pero también el que las pone en funcionamiento y acción y la mejora con el manejo adecuado de sus planteos productivos y sus recursos.

"El productor argentino está ávido de tecnología. Su accionar es destacado en el mundo por su inteligencia, la aplicación de buenas prácticas agrícolas y su forma de sortear tiempos económicos adversos. Es casi unánime su voluntad de compensar económicamente los desarrollos tecnológicos, como en el caso de las semillas mejoradas. Pero no encontramos la manera de acordar para incentivar la inversión con un marco comercial adecuado.

"Hoy es mucho más difícil y caro dar saltos de rendimiento del rango que se hicieron en la Argentina en la década pasada. Estamos orgullosos de todos modos que fueron cifras similares a las del país más avanzado con incrementos del 1,5 por ciento anual.

"Sin ser tan precisos, en la historia de nuestro cultivo prácticamente no hubo zona, lote o productor que no haya contado con la variedad de soja para iniciar su proceso productivo.

"Esto se debió principalmente a tareas llevadas adelante por dos grandes empresas de origen y gestión local y otras menores, las que se han nutrido económicamente también por la exportación de sus logros varietales tan reconocidos en otros países. Sin embargo, hace veinte años el país contaba con más de catorce programas de mejoramiento genético y hoy son la tercera parte.

"No fueron menores los aportes decisivos de las empresas de biotecnología de transgénicos, los que han modificado favorablemente la manera y forma de producir y han facilitado a los productores el logro de una mayor eficiencia productiva, entre otros tantos beneficios.

"Es obvio que todos estos desarrollos hay que protegerlos intelectualmente y que las empresas o entidades públicas que invierten logren los beneficios lógicos que, además, le den las posibilidades de actualizarse e invertir en nuevas plataformas de trabajo.

"A la vez la legislación debe garantizar en tiempo y forma el acceso de los productores a estos logros tecnológicos: germoplasma y eventos son una simbiosis perfecta que repercuten en mayor beneficio en la producción.

"Este acceso debe ser a un nivel económico razonable y a la vez contemplando a aquellos productores más limitados en su capacidad contributiva o por el tamaño de su explotación.

"ACSOJA, en estos últimos años, ha participado en los debates que el gobierno anterior llevó a cabo buscando un nuevo marco legal en semillas. Se habían logrado consensos, aunque no totales, pero que permitían un debate racional en el ámbito legislativo. Eso, lamentablemente, no prosperó.

"Hace dos años, ACSOJA convocó a toda la cadena a hacer un diagnóstico de la situación y a debatir y encontrar los puntos de acuerdo. Recientemente nos volvimos a reunir, con los proyectos de ley en la mano, ya que la situación de público conocimiento obligaba a actualizar ese debate y a repasar los puntos de acuerdo.

"La cadena no tiene una opinión sobre algún proyecto en particular; más bien vuelve a ratificar sus anteriores conclusiones -varias están contenidas en ciertos proyectos-, pero resaltó diferencias que podemos comentar seguidamente.

"Antes de ello quiero marcar los puntos que se repasaron y son de consenso y son siete que provienen de la jornada de reflexión de septiembre de 2014, luego ratificados hace sesenta días por la cadena de la soja.

"El primero de ellos es el reconocimiento del pago por germoplasma y eventos biotecnológicos.

"El segundo es la necesidad de contar con mecanismos y órganos de Control con un rol preponderante del INASE.

"El tercero es que el pago de la propiedad intelectual debe hacerse en la semilla.

"El cuarto es que resulta necesario que existan sanciones para los que se encuentren fuera de la ley y la normativa.

"El quinto es propender al aumento del uso de la semilla fiscalizada.

"El sexto es observar estos temas de propiedad intelectual no como un hecho particular de un evento o empresa, ya que excede la coyuntura, para un futuro cercano con más participantes.

"El séptimo es mejorar la comunicación entre los actores, principalmente sobre los temas comerciales.

"Entre los comentarios más destacados están que la Argentina tiene una oportunidad muy grande de liderar avances tecnológicos si tiene un buen marco legal para su desarrollo.

"La industria de la multiplicación de la semilla no la vemos contemplada en el proyecto oficial y tampoco en los otros proyectos que se están analizando.

"Los fitomejoradores han defendido la incorporación de la variedad esencialmente derivada en los proyectos como forma de proteger sus creaciones.

"La ley solo debe dar el marco legal. Las regulaciones mediante decretos reglamentarios deberían ser el elemento para definir puntos más específicos.

"Hay consenso en que ACSOJA actué como aglutinante en la fijación de una posición consensuada entre todos los actores que estuvieron representados en esa reunión.

"Las diferencias más marcadas son, en primer lugar, los años permitidos para multiplicar en el proyecto oficial y otros. Se expusieron razones de parte del sector obtentor que de alguna manera fueron atendidas en cuanto a buscar un punto medio: las dudas respecto al uso incremental y que la ley sea de orden público. Se comentó que no se entiende bien cuál puede ser la razón.

"Se destaca que el Consejo Directivo de ACSOJA ha remitido solicitudes de reuniones a los autores de los proyectos y del gobierno, lo que se realizó parcialmente, por falta de tiempo de los autores por las actividades que la época demandó.

"Luego de haber conversado con los diferentes autores -incluidas las autoridades del Ministerio de Agricultura- vemos una gran posibilidad de negociación e instamos a ello, para lograr una nueva ley que sea orgullo para el país.

"Desde ya nos ofrecemos para ampliar y clarificar conceptos que permitan a los representantes del pueblo la toma de decisiones acertadas en un tema tan trascendente."



SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor Guillermo Eyherabide, fitomejorador del INTA.

SR. EYERHABIDE Señor presidente: quiero expresar mi agradecimiento por haber sido invitado a participar de esta reunión.

Yo no voy a referirme al proyecto, porque me han pedido que responda dos preguntas de fondo en quince minutos, explicando un poco la esencia del trabajo de mejoramiento vegetal y en qué consiste esta labor de los fitomejoradores en la Argentina. Me tranquiliza el hecho de ver a algunos colegas en esta sala que también pueden colaborar en cuanto a dar la respuesta en esta pequeña charla.

¿Qué es el mejoramiento vegetal? Hace un rato se hablaba de ciencia y arte. Es verdad que el mejoramiento vegetal ya dejó de ser un arte hace muchos años. El mejoramiento vegetal es la ciencia genética aplicada a la creación de tipos de plantas cultivadas cada vez más aptas para satisfacer en forma sustentable las necesidades humanas. Acá quiero rescatar dos términos. El primero es la palabra "creación". El mejoramiento genético es una actividad eminentemente creativa. La otra expresión que quiero destacar es "poder satisfacer las necesidades humanas de manera sustentable y en forma amigable con el ambiente". ¿Cuáles son esas necesidades? Son sumamente variadas. Pensemos en lo más importante: la alimentación humana, la alimentación animal, la síntesis de maderas, las fibras vegetales, los usos bioenergéticos, las finalidades de tipo paisajístico, ornamental y deportivo.

En los últimos años, gracias a los avances en la Biotecnología, podemos pensar en algunas cosas respecto de las cuales antes no podíamos hacerlo, como por ejemplo el desarrollo de cultivares para la biorremediación de problemas de contaminaciones de suelos y la producción de biofármacos y de biomateriales.

¿Qué necesita saber un fitomejorador para iniciar su trabajo? En primer lugar tiene que tener una clara definición de los objetivos de mediano y largo plazo que va a perseguir. Eso implica que un mejorador, al momento de iniciar su labor, tiene que tener un horizonte temporal suficientemente meditado y, en función de ello, definir varias cosas. Así, debe tener en cuenta el uso al cual va a ser destinado ese cultivar. Antes hablamos de las necesidades humanas. Para cada una de ellas hay propiedades que deben tener esos cultivares para satisfacer esas necesidades.

También debe tener muy en claro a qué ambiente serán destinados esos cultivares. Este punto es muy importante, porque si hay una tecnología que debe ser desarrollada localmente, ella es la relacionada con los cultivares. Es imposible pensar que con una menor introducción de cultivares de otros ambientes podremos obtener el plus del comportamiento que podríamos lograr desarrollando nuestros propios cultivares.

El otro aspecto es el mercado. Debemos tener presente que esos cultivares tienen que ser adoptados por los productores y estar en condiciones de ser comercializados a nivel interno e internacional, con lo cual algunas características pueden resultar limitantes.

En función de los usos, del ambiente y del mercado que uno elija serán las características primarias necesarias que el mejorador necesita reunir en ese cultivar.

Para lograr esos objetivos debemos tener en cuenta que lo que hace el mejorador es ensamblar en un tipo vegetal, en un cultivar, una cantidad profusa de información genética que no es un mero transgen. Estamos hablando de miles y miles de genes que tienen que estar funcionando adecuadamente y proveyendo resistencia a enfermedades y factores amnióticos, respuestas a nutrientes y productividad.

Voy a dar un ejemplo. El trigo es una especie que tiene 95 mil genes, lo que debe ser considerado y evaluado en cuanto a su funcionamiento. Por su parte, el arroz, el tomate y el maíz tienen 50 mil, 35 mil y 32 mil genes, respectivamente.

Para que se tenga una idea comparativa diré que se calcula que el ser humano tiene unos 20 mil genes.

En esencia, el trabajo del mejorador se focaliza en seleccionar tipos deseables a partir de lo que se llama población de cría. Los programas de mejoramiento trabajan con poblaciones de cría, las que tienen variabilidad genética. Si todo fuera igual sería imposible encontrar algo que fuera mejor a lo prexistente. ¿Cómo se logra eso? Yo diría que en la inmensa mayoría de los casos se logra a través de entrecruzamientos naturales dentro de la misma especie.

En el caso del trigo se cruzarán variedades prexistentes del trigo entre sí. También se pueden hacer retrocruzas. A veces la propiedad que necesitamos en ese cultivar no está tan disponible en la especie, por lo que debemos recurrir a otro tipo de cruzas llamadas "cruzas amplias", o a otras tenologías, como la ingeniería genética o la edición génica, tratando de acceder a nuevas características a las cuales no es posible acceder en el pool génico de la especie.

En última instancia, a partir de esos cruzamientos donde uno incorpora un evento transgénico o una selección hecha a nivel celular para una tolerancia a un herbicida, todo empieza a cruzarse con un material y entra en un circuito que serían esas poblaciones de cría que comenté recién.

Los programas de mejoramiento, dependiendo de su envergadura, pueden tener uno o dos. Yo diría que nunca tienen menos de cincuenta poblaciones de cría.

La siguiente imagen muestra la etapa de selección. El propósito de esta charla es dar una semblanza de estos métodos que aplica el mejorador, pero no particularizándolos para cada especie. Obviamente, quien trabaja en el desarrollo de una nueva variedad de cítricos o de vid, o en el mejoramiento de sauce, de maíz o de soja, utiliza métodos diferentes que tienen la particularidad de estar mejor adaptados a las condiciones de la especie.

Por otro lado, tiene que aplicar un sistema de selección y evaluación que a veces tiene una etapa de laboratorio, aunque siempre, ineludiblemente, debe tener evaluaciones a campo, que la actual ley de semillas exige desde hace muchos años. Debe haber un mínimo de evaluaciones que nos permitan saber que ese material tiene la estabilidad y el comportamiento adecuado.

La evaluación del comportamiento es para una cantidad de características en función de los objetivos. Por supuesto que el objetivo de la producción es el más importante. En los últimos años se está dando importancia, para el mejoramiento genético, a la eficiencia en el uso de los factores. O sea, a la eficiencia en el uso de agua y nutrientes, estabilidad de rendimiento y todo aquello que conlleva el escenario futuro. Cuando hablamos de mediano y largo plazo, en la Argentina el cambio climático impone mayor probabilidad de exposición de cultivares futuros a condiciones ambientales adversas.

¿Cómo se hace? Hay evaluaciones convencionales que son clásicas. Aquí lo que uno hace es observar el comportamiento en el campo. Pero también, a través del uso de la biotecnología y de marcadores moleculares, esa información genotípica que uno puede observar a campo se enriquece con la información de laboratorio, de manera que en el momento en que el mejorador toma decisiones lo hace teniendo una mayor cantidad de información a la mano.

¿Qué productos obtenemos? Esto depende del tipo de especie de que estamos hablando. De las especies autógamas como el trigo o la soja se obtienen líneas puras, que después van a ser variedades. En el caso de las especies alógamas como el maíz o el girasol, el producto intermedio del mejoramiento son líneas endocriadas. Después se agrega una etapa adicional, que es la de la búsqueda de combinaciones entre esas líneas parentales para el desarrollo de mejores híbridos.

También en el caso de otras especies como las forrajeras podemos tener variedades por inserción abierta.

Estos desarrollos conllevan, además de una planificación a largo plazo, una actividad permanente que no debe ser interrumpida. Es muy difícil dar números guía de cuánto se tarda en hacer una variedad de trigo o de soja, un híbrido de maíz o un clon de eucalipto; todo depende fundamentalmente de las características que tienen los programas de mejoramiento.

Hay programas de mejoramiento que tienen capacidad para realizar dos o tres generaciones al año, otros apenas dos y otros apenas uno, pero estos serían los números aproximados o generales.

Quiero destacar una frase: el mejoramiento vegetal crea riqueza. Pensemos la importancia que tiene la agricultura argentina para todos nosotros y para la economía nacional. El mejoramiento genético se hace con el trabajo de los fitomejoradores. Probablemente no lo sepan, pero la mayoría de los fitomejoradores que existen en la Argentina posiblemente estén en el INTA. El año pasado hicimos un recuento de cuántos fitogeneradores tiene el INTA. Cuando hablo de fitomejoradores no estoy hablando de ingenieros agrónomos, sino de biólogos que a su vez han hecho un entrenamiento de posgrado en fitomejoramiento. El INTA tiene más de 120 especies y cuanta con cien mejoradores. Quédense tranquilos que yo no soy de los más jóvenes, pero la realidad es que el número decrece. Si bien no hemos hecho un censo, sería interesante hacerlo en el sector privado.

Prestemos atención al hecho de que sin mejoradores entrenados y actualizados es muy difícil que podamos afrontar los desafíos futuros.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor David Hughes, de la Cadena Productiva del Trigo.

SR. HUGHES Señor presidente: agradezco la invitación. Es interesante estar acá para plantear lo que pensamos desde la Cadena Productiva del Trigo.

La Cadena Productiva del Trigo involucra a muchos actores y desde el día en que se fundó nos interesa mucho que haya un marco regulatorio que retribuya la inversión en mejoramiento vegetal.

Desde la Cadena Productiva del Trigo entendemos que tenemos una responsabilidad ante nuestro país y ante el mundo en el tema de la seguridad alimenticia. Es decir que necesitamos producir más. Y tenemos que producir más con menos.

También nos han planteado el desafío de ser el supermercado del mundo, lo que significa que tenemos que producir lo que el consumidor quiere.

Asimismo se está hablando del tema de la biotecnología, lo que significa que vamos a generar conocimiento y entrar a la era del conocimiento produciendo plantas que generan fármacos y distintos insumos para la industria y no solamente para la alimentación. Todo esto se basa en las plantas, es decir, en generar distintos especies y variedades de ellas.

Esto se apoya en las semillas. Nosotros necesitamos semillas para generar plantas. Estoy hablando de cultivos como el del trigo. Además es importante que estas semillas sirvan para el lugar donde estamos y el mercado al que queremos orientarnos. Lo que hay dentro de las semillas son genes que permiten que ellas generen lo que queremos para el producto final.

El productor toma esas semillas y les aplica todo el conocimiento, el trabajo y los fertilizantes para lograr su objetivo. Pero si no hay semillas no hay nada.

Entonces, nos preocupa mucho el tema del marco regulatorio para los que hacen inversiones en nuestro país en el tema del mejoramiento genético.

Estas semillas, además, son las que nos va a dar competitividad. No es lo mismo tener genes propios, desarrollados en nuestro país, que generados afuera. Nosotros necesitamos una competitividad y retribuir a todos los que aportan trabajo y e inversión, es decir, conocimiento.

Si realmente queremos ingresar a la era del conocimiento debemos entender que tenemos que retribuir la generación de conocimiento. En la agricultura, esa generación de conocimiento se desarrolla en la semilla, en la genética. Y lo que nos preocupa es que no estamos invirtiendo lo suficiente.

La historia del trigo tiene muchos años, pero voy a resumirla. En 1527 se sembró el primer trigo en suelo argentino. Se lo hizo en Santa Fe, en Sancti Spiritu.

En 1866 aparecieron las leyes de Mendel, que permitieron entender cómo es el cruzamiento y empezar con el mejoramiento científico de la variedad de los cultivos. Desde esa fecha y hasta 1900 no se volvieron a utilizar las leyes de Mendel.

En 1919 tuvimos el primer semillero argentino, el Semillero Klein, cuyo presiente está entre nosotros.

En 1930 tuvimos el semillero Buck.

Entre 1944 y 1960 hubo un gran trabajo de Norman Borlaug en cuanto a la forma de mejorar los trigos, específicamente para alimentar al mundo. Esto es seguridad alimentaria.

En 1956 se creó el INTA.

Luego se le otorgó el premio Nobel a Norman Borlaug.

En 1973 se sancionó la ley que buscamos modificar y en 1976 se creó el semillero ACA.

De manera tal que el trigo tiene una historia muy importante que me parece que no debemos desestimarla.

¿Qué ha pasado en la Argentina? Aquí hay dos períodos. El primero es el de los trigos altos, anterior a Norman Borlaug, en el que se introdujo genética de otros lugares, como por ejemplo México, para mejorar la producción. Hay un pequeño tema de color.

En 1928 se sembraron 9 millones de hectáreas de trigo en nuestro país. Estamos contentos porque estamos llegando ahora a los 5 millones de hectáreas y que hemos bajado de los 6 millones.

En 1960 aproximadamente los semilleros que mencioné anteriormente empezaron a trabajar para mejorar el trigo argentino. Son los trigos que se llaman "enanos". A pesar de que la retribución que han tenido no ha sido la mejor, han logrado mejoras. Considerando el período comprendido entre 1994 y 2012 podemos observar mejoras teniendo en cuenta el promedio de producción de trigo de cada país. Pero lo cierto es que nos hemos quedado retrasados respecto de los países que reconocen la inversión en genética. Esto es "a pesar de". Lo que estoy diciendo es que tenemos empresas argentinas que siguen apostando a nuestro país. También lo puedo comparar de otra manera. Es decir que nos estamos quedando atrás, y esto me preocupa.

Pero lo que veo y me entusiasma es que el germoplasma, la genética de nuestro trigo, es mayoritariamente argentina y nos interesa que lo siga siendo y haya trabajo aquí. Además de ser un tema de competitividad, es importante porque nadie se va a preocupar más por generar esos cultivos para las distintas regiones que nuestros propios semilleros. Necesitamos que tengan una retribución.

Esto es un factor de competitividad. Si yo quiero salir al mundo tengo que hacerlo con algo propio, que es el germoplasma. Entonces, necesito que este germoplasma sea argentino.

Como han dicho los que me precedieron en el uso de la palabra, el tema de la mejora genética ya dejó de ser arte. Si miro hacia atrás es una cosa, mientras que si observo lo que está ocurriendo y lo que viene, es mucho más tecnológico y, si quiero competir con el resto del mundo, va a va a requerir inversiones.

¿Cómo hago para que los semilleros de la Argentina puedan competir con los grandes del resto del mundo? Es difícil, pero están peleando por esto. ¿Cómo hago para ayudarlos? ¿Cómo hago para generar esa competitividad en nuestro país? Se han nombrado muchas tecnologías que son muy importantes. Ahora, la gente que está creando esto, que son los fitomejoradores, son creadores. O sea, crean nuevas variedades y genéticas.

Me parece que esto de alguna manera es similar al caso de SADAIC. En el siglo pasado hacíamos fiestas al terminar el colegio, al finalizar cada año. Cuando había un coro de entrada era algo comercial, por lo que venía SADAIC y había que pagarle, porque había un autor de letra y música que vivía de eso. Si yo hacía la fiesta en mi casa con amigos, SADAIC no venía.

Por lo tanto, no entiendo por qué hoy en nuestro país estamos discutiendo si hay que pagar la inversión que se hace en la creación de variedades vegetales nuevas, que además nos permite ser competitivos en el mundo.

La ley de semillas también nos va a permitir fortalecer el sistema científico-tecnológico que tenemos en nuestro país, que no es poco. Es importante tener en cuenta este punto.

Creemos que es importante generar variedades que nos permitan ser competitivos en las distintas regiones del país significa contar con un trigo que nos permita ser competitivos. Esto quiere decir no utilizar la misma variedad en el sur de Bahía Blanca y en Tucumán.

La industria genómica, del manejo de los genes, hoy en día es muy compleja, por lo que es importante tener inversiones y capacitar científicos. Estamos generando trabajo de valor y valor agregado.

Entendemos que el eventual costo que podamos tener como productores redundará en mejores márgenes y mayor productividad. Además se verá beneficiado el consumo de la sociedad. El incremento en la productividad es lo que realmente permite mantener bajos los precios. Lo que escasea, vale mucho; tenemos que generar mucho por el tema de la seguridad alimenticia, pero también por nosotros y nuestros vecinos.

Desde Argentrigo entendemos que la modificación de la ley de semillas debería contemplar el uso propio -que debe ser oneroso- y las excepciones. El período de protección de la variedad establecida por la UPOV, que es la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, actualmente es de quince años. Si una variedad no sirve más, el mercado y el productor van a dejar de comprarla. No hay que preocuparse porque va a desaparecer sola.

A su vez hay que mantener la excepción del fitomejorador.

Entendemos que no debiera ser de orden público ni debieran restringirse los acuerdos entre privados. Hoy estamos pensando en cultivos que son commodities, que van todos juntos a un barco, a un molino, a una fábrica. Pero también están apareciendo cultivos que tienen dentro insumos farmacológicos. Entonces, no tienen que restringirse esos futuros contratos donde buscaremos nichos de mucho más valor agregado, con genética y científicos nuestros buscando mercado en el mundo.

Debemos propender al fortalecimiento del INASE como autoridad de aplicación y control de la ley. Esto es fundamental.

Otro tema es el establecimiento de mecanismos de control y sanción ante incumplimientos, desalentando la ilegalidad, tema que nos preocupa. El 70 por ciento de las semillas en el tema del trigo son ilegales. Estábamos sacando cuentas junto con el presidente de Semillero Klein y determinamos que se están evadiendo alrededor de 100 millones de dólares, 1.500 millones de pesos, lo que implica que no se tributan los impuestos sobre los ingresos brutos y al valor agregado. Es decir que se escapan del sistema. Entendemos que es importante que las cadenas sean formales y que la formalidad sea un tema importante. Desde Argentrigo lo planteamos de esta manera.

También debemos tener una mirada hacia adelante y considerar las nuevas tecnologías. Algunas las desconocemos, mientras que en el caso de otras estamos tratando de entender de qué se tratan. Es difícil contemplar lo nuevo porque justamente lo nuevo es lo que no se conoce, pero creemos que hay que pensar que van a aparecer nuevas tecnologías. En consecuencia, la nueva ley debería contemplarlas de alguna manera.

Seguramente el comportamiento de los actores cambie ante las modificaciones de las reglamentaciones. Consideramos que esta modificación va a ser importante. Nos preocupa basarnos en comportamientos históricos que se están dando con informalidad y con datos que no son tan buenos ni precisos.

Agradezco nuevamente a todos ustedes y, especialmente, al señor presidente, por haberme dado la posibilidad de estar acá.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor Adolfo Cerioni, representante del INTA, quien expondrá sobre la relevancia del mejoramiento de las especies vegetales.

SR. CERIONI Señor presidente: agradezco el hecho de haber sido invitado a esta reunión.

Nos han pedido que nuestra presentación gire en torno del INTA como obtentor de variedades vegetales del país. Asimismo, quiero exponer la experiencia del INTA en la transferencia de variedades vegetales. La historia arranca prácticamente con el nacimiento del INTA, justamente cuando empezó a desarrollar los trigos semienanos y los primeros maíces híbridos. En su momento estos productos llegaban al productor a través de asociaciones cooperadoras y de distribuidores autorizados, que eran cooperativas fomentadas por el INTA, dado que éste es una institución que investiga y que no está dentro de su alcance comercializar o producir materia prima o productos.

A partir de 1985 el INTA adoptó la política de vinculación tecnológica, que consiste en asociarse con empresas para desarrollo y para licenciar las tecnologías. Es decir que en el caso de las variedades vegetales es la empresa la que multiplica y comercializa la variedad. La tenología se introduce al mercado mediante dichas empresas.

En 1987 se creó la Unidad de Vinculación Tecnológica. Tomando datos de ARPOV, que a su vez los toma del Catálogo Nacional de Cultivares, el INTA tiene registrados en los últimos treinta años 1.015 variedades, de las cuales aproximadamente 510 están licenciadas mediante convenios de vinculación tecnológica.

Esto es lo primero que queremos enfatizar, es decir, que todo lo que hacemos en materia de mejoramiento se traduce en las semillas que obtenemos, llegan al mercado, se multiplican, se producen, se acondicionan y se comercializan a través de empresas argentinas.

El gráfico que puede observarse en la pantalla muestra nuestro trabajo desde 1983 hasta nuestros días. Las barras de color celeste son las variedades inscriptas obtenidas por el INTA a través de sus propios fondos, mientras que las de color bordó indican las variedades obtenidas a través de convenios de vinculación tecnológica con aportes de empresas.

Cuando tomé nota de esta información me sentí impresionado. Obviamente, tenía idea de la cantidad de variedades que tenemos registradas en el INASE, pero no sabía que era sobre 124 especies. Me parece muy importante resaltar que prácticamente somos los únicos mejoradores en algunas variedades.

Este es otro tema que lleva adelante el INTA, que es la Red de Bancos de Germoplasma. Este banco es muy importante en términos de variabilidad genética y de tener almacenados los recursos genéticos. Participan de esta red más de ocho experimentales. El banco central está ubicado en el complejo del INTA en Castelar.

Este es uno de los casos que ya tiene más de 30 años, el primero fue con la empresa Produsem entre 2002 y 2003. En 2013 con la empresa Bioceres, bajo la marca Biointa, salieron los trigos de genética del INTA. Desde 2013 hasta la fecha, con Louis Dreyfus Semillas, estamos introduciendo variedades de trigo con genética del INTA en el mercado.

Este caso que voy a mencionar es muy interesante: se trata de la primera variedad de arroz mutagénico resistente a un herbicida de la familia de los IMIs. Es un convenio de vinculación con la empresa BASF que ha permitido retomar la producción de arroz en aquellos lugares en los que estaba reducido o había sido desplazado por el arroz colorado. Además de tener una difusión muy importante en el país, estas variedades del INTA se están sembrando en el 50 por ciento del sur de Brasil.

El mejoramiento genético no lo aplicamos solamente para la producción de semillas. Está el caso del convenio que tenemos desde 1992 con la empresa Uniliver, donde producimos mejoramientos de zanahoria, zapallo y cebolla para la producción industrial de productos deshidratados que después salen al mercado a través de la marca de caldos Knorr y otras.

Un caso más reciente y muy interesante es el correspondiente al mejoramiento de ornamentales. Lo hacemos a través de las empresas internacionales Sakata y Proven Winners. Pero lo interesante del caso es que partimos con materiales que extraemos de las provincias a partir de convenios celebrados con cada una de ellas. El INTA tiene convenios con las provincias de Misiones, de Corrientes, de Entre Ríos y de Tucumán. En esos convenios nos comprometemos a compartir las regalías con las provincias en la medida en que el material que se extraiga de ellas intervenga en una variedad mejorada.

En este caso, Superbells es una variedad que surge del mejoramiento del INTA a partir de materiales que extraemos de la provincia de Corrientes. Está patentada en los Estados Unidos y registrada en Canadá.

Este es el catálogo de variedades del INTA y está disponible al público en la página web del instituto. Allí pueden consultar todas las variedades que están disponibles hoy en el INTA, sus características y su estado de licencia, como así también su jurisdicción.

Estos tres o cuatro casos que mostramos nos permiten hacer visible este trabajo; es como un iceberg. Está basado en el esfuerzo de los programas de mejoramiento. Como indicó Guillermo, es un trabajo a largo plazo, de mucho tiempo e inversión y no es tan visible, pero posibilita que se den casos como los que presentamos recién.

Para sintetizar, nos interesa presentar al INTA como obtentor de variedades, las que multiplicamos y comercializamos a través de empresas. Esta alianza público-privada lleva más de treinta años y estamos vinculados con más de setenta empresas. Licenciamos con regalías y reinvertimos lo que ingresa en concepto de ellas en programas de mejoramiento. Trabajamos en el mejoramiento de especies críticas para las economías regionales. Consideramos que de alguna manera en todo este tiempo hemos contribuido en forma importante a la diversidad de genética y a la gestión y mantenimiento de los bancos de germoplasma.

Para finalizar, nos parece importante recalcar que el INTA tiene el único programa de mejoramiento de variedades de especies que son importantes y estratégicas para las economías regionales, como en los casos del algodón, la vid, las variedades de clones, el álamo, el sauce, la mandioca, el lino, la yerba mate, el té y el durazno.

En el caso de las forrajeras, compartimos con tres empresas; en el del eucaliptus, con una cooperativa; en el de la horticultura, con la empresa Basso Semillas; en el del maní, con Semillero El Carmen, y en el del azúcar, con Obispo Colombres y Santa Rosa. Es decir que para determinados cultivos en algunos casos somos el único programa de mejoramiento, mientras que en otros compartimos con muy pocos semilleros.

¿Qué nos parece importante tener en cuenta en relación con la discusión del proyecto de ley?

Algo que ya se dijo: la importancia de que la autoridad de aplicación tenga capacidad de control y poder de policía. También nosotros nos tenemos que encargar de cobrar. Somos conscientes de la importancia de la capacidad para ejercer el control y poder de policía para que se pueda aplicar la ley.

Nos parece importante incluir la reglamentación de todas las semillas, no solamente las de uso extensivo en la región Pampeana, como así también fomentar el mejoramiento de las especies críticas para las economías regionales e incluir el concepto de variedad esencialmente derivada. Este último aspecto nos parece sumamente importante no solamente en cuanto a la tecnología, sino también al germoplasma. No podemos limitar en el tiempo los derechos del obtentor en cuanto a la excepción o al uso propio. Asimismo se debe tener en cuenta que la tecnología en producción de semilla es valor agregado y fuente de una industria muy importante en el país.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor Daniel Pelegrina, representante de la Sociedad Rural Argentina, quien dará comienzo a los aportes gremiales.

SR. PELEGRINA Señor presidente: bienvenida esta esperada convocatoria. Esperamos poder contribuir a este diálogo que comienza.

Claramente el campo argentino es joven, moderno, dinámico, necesita del avance tecnológico y todas nuestras posibilidades están puestas en la tecnología, en la ganancia de competitividad y, de la mano de la tecnología, creemos que esto se va a lograr.

Por otro lado, desde la Sociedad Rural -y creo que también a nivel de los productores- entendemos que la tecnología no es una discusión, sino que debe ser debidamente retribuida. Por su parte, lo estamos haciendo cuando compramos semilla original de soja, pero fundamentalmente en el caso del maíz y ahí tenemos un claro ejemplo de que estamos pagando por la tecnología.

Las metas que nos hemos puesto como país para alcanzar la producción necesariamente van de la mano de esta tecnología.

Hemos participado en los últimos años de muchos debates, siendo protagonistas. Una vez más creemos que muchas veces hemos estado cerca del consenso. Creo que no estamos tan lejos tampoco y somos optimistas, especialmente ahora que está involucrada la totalidad de los actores, es decir, los sectores público y sector privado.

Sí necesitamos, a criterio nuestro, que este encuadre legal sea superador lo antes posible. Esto para evitar que se intenten prolongar en el tiempo estos esquemas que no traen verdaderas soluciones a los problemas, ni para los productores ni para otros actores de la cadena. El claro ejemplo son los obtentores, quienes en el esquema parcial que hoy está de alguna manera contemplando la situación no están incorporados.

Ya largamente hablado por parte del ingeniero Eyhérabide del INTA, son muchas variedades, muchas especies, porque la semilla no es solamente soja y realmente esto es muy importante.

A partir de allí, creemos que con estos parches no vamos a poder tener las soluciones verdaderas que necesitamos para poder tener la disponibilidad de la genética que necesitamos como productores. Por eso, desde la Sociedad Rural Argentina nosotros no apoyamos, siendo que somos integrantes y participamos activamente en la Bolsa de Cereales, el sistema Bolsatech, porque en su origen vimos que esto podía ser el statu quo y que se prolongara en el tiempo. Por eso pedimos que lo antes posible tratemos de llegar a un consenso en cuanto a la ley.

Nosotros, el camino que elegimos siempre fue proponer una meta, una ley, y a partir de ahí ver cómo transitábamos este proceso. Hay que entender toda esta llegada a una ley y a una eficiencia en el sistema de pago de la tecnología como un proceso. No logramos esta sugerencia que arrancó hace bastante tiempo.

Y ante el intento de una empresa de imponer condiciones comerciales, hicimos una denuncia ante el organismo con el que entendemos que hay que trabajar que es el de defensa de la competencia.

Nos presentamos ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia y pedimos un cese de la conducta antijurídica y anticompetitiva de dicha empresa, por la que se introducían modificaciones sustanciales en la manera de comercializar -especialmente la soja- a través de un sistema cerrado. Nosotros creíamos que ese sistema era abusivo. La presentación todavía no ha tenido respuesta, pero insistimos en ella.

A partir de allí, ante el requerimiento de la CONASE en el sentido de introducir modificaciones a la ley, efectuamos una presentación. Trataré de ser textual al respecto haciendo algunos comentarios, a fin de que quede bien sentada nuestra posición.

Allí presentamos las definiciones básicas que debía tener una modificación de la ley 20.247, a criterio de la Sociedad Rural Argentina.

En esa presentación dijimos que tanto la innovación tecnológica como el mejoramiento genético, que es la base imprescindible para el avance tecnológico, deben ser remunerados y retribuidos debidamente y para eso es esencial un rol del Estado que genere un marco de competencia evitando los oligopolios para que exista diversidad de oferentes que además sostengan -y aquí pongo énfasis- la diversidad genética.

A criterio de la Sociedad Rural Argentina, deberíamos continuar adhiriendo a la UPOV 78, aunque probablemente haya que hacer algunas adecuaciones, pero hay manera de hacerlo parcialmente sin adherir a las normas que siguen.

La Sociedad Rural Argentina considera que esta norma debiera ser de orden público, aunque entendemos que existen convenios privados. Quizá, cuando el marco de la ley esté completo podamos tener un sistema similar al uruguayo, que establece que ante la falta de acuerdo entre las partes la ley es de orden público. Tal vez ese sea el camino, pero sostenemos que debe ser de orden público.

El uso de la semilla propia o comprada, debidamente registrada y fiscalizada, debe ser el eje del sistema que proponemos para la ley. Para ello deben adecuarse y reforzarse los controles en todos los estamentos de la cadena de producción y en el comercio de semillas. No somos los productores los que solo hacemos mal uso propio y bolsa blanca. Acá hay muchos otros actores de la cadena que están haciendo esto y allí también debe haber controles.

Es esencial que los organismos de control cuyo poder de policía debe ser el Estado a través del INASE tengan los recursos necesarios para ejercer efectivamente esta función.

A criterio de la Sociedad Rural Argentina el precio de la semilla debe incluir todo el valor de los componentes contenidos en las mismas: variedad, modificaciones genéticas y otros mecanismos nuevos de introducción de tecnología en las semillas que vengan en el futuro.

En el momento de la compra se salda con el vendedor todo ese valor, incluyendo los derechos de propiedad intelectual. En ese momento se agotan todos los derechos sobre los granos o la producción que tienen como destino la elaboración de productos de cualquier naturaleza.

Consideramos que se debe mantener el uso propio gratuito, pero limitado a la cantidad de hectáreas por las que el agricultor -definido como el dueño de las cementeras- pagó inicialmente al comprar semilla fiscalizada.

Hacia el futuro y en un proceso gradual que contemple entre otras cosas un cronograma para que confluya la disponibilidad de semillas registradas y fiscalizadas con la demanda -lo que hoy no está asegurado en muchos cultivos- o los incentivos para que exista una oferta de semillas que provoque verdaderas mejoras en la productividad de los cultivos, podemos ver si se establece un vencimiento en cuanto al uso propio gratuito en el tiempo.

La reserva de semilla que exceda el límite previsto para el uso propio -o sea, el incremental- estará permitida por el pago de un monto único por kilo de semilla reservada.

Consideramos que los pagos los tiene que hacer el agricultor en el mismo lugar en que compró la semilla y que figure en la primera factura, manteniéndose así la relación contractual iniciada al comprar la semilla fiscalizada.

Estos son los puntos que consideramos esenciales para tener en cuenta cualquier modificación del marco legal.

Creemos que un marco legal que contemple derechos y obligaciones para todos los actores de la cadena de producción de semillas y granos es una responsabilidad que debemos asumir y que redundará indudablemente en seguridad jurídica, inversión y producción, único camino para llevar adelante al país.



SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor Roberto Campi, de Confederaciones Rurales Argentinas.

SR. CAMPI Señor presidente: gracias por haberme invitado y escuchar la opinión de Confederaciones Rurales Argentinas.

Confederaciones Rurales Argentina está conformada por dieciséis entidades, como si fueran provincias, a lo largo de todo el país. Tenemos más de 300 sociedades rurales asociadas y más de 100 mil socios en nuestras sociedades rurales.

Tenemos una ocupación muy federal del país. Estamos prácticamente en todas las provincias de la República Argentina: Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Mendoza, Córdoba, San Luis, Misiones -incorporada hace poco-, Chaco, Formosa, Jujuy, Salta y, por supuesto, todo el litoral. La confederación a la que yo pertenezco, que es CARBAP, comprende Buenos Aires y La Pampa, y tiene 115 sociedades rurales.

Quiero plantear nuestra visión, surgida de las discusiones y acuerdos que hacemos desde las sociedades rurales hacia las confederaciones y desde éstas hacia los consejos que se llevan a cabo en Confederaciones Rurales Argentinas.

Es importante preguntarnos por qué otra vez estamos debatiendo sobre semillas. Este es un tema que ya se ha planteado, pero fuimos incapaces de ponernos de acuerdo durante muchos años. Me pregunto también por qué, estando reconocidos los derechos de los obtentores, tenemos tantos problemas y conflictos. Me pregunto por qué nos acusan a los productores, que compramos y pagamos por las semillas, de no querer pagar la tecnología.

¿Por qué cuestionamos una ley de semillas, que es vieja porque tiene muchos años, pero a la vez es ejemplar en lo relativo a la protección de la propiedad intelectual? Esta ley ha hecho posible un crecimiento exponencial de la agricultura argentina. Cuando se sancionó anhelábamos producir 20 millones de toneladas; hoy producimos 120 millones de toneladas. Por tanto, tan mal no nos fue con esta ley de semillas.

Otra pregunta es por qué los semilleros y criaderos que se establecieron en el país y que invirtieron, crecieron y se desarrollaron con esta ley, hoy la están cuestionando. ¿Qué es lo que cambió en este tiempo?

Cualquier cambio que se proponga a la ley de semillas aumenta la transferencia de recursos de los productores a los semilleros. No me cabe duda de que eso es así. Estas cosas ocurren porque hay mucha semilla ilegal, lo cual perjudica a todos. Aunque curiosamente no hay demasiadas denuncias radicadas ante el INACE, que es el organismo para tal fin. Nos llenamos la boca hablando de la bolsa blanca y de la semilla ilegal, pero la verdad es que no se encuentra el origen de esa semilla ilegal.

Los problemas que tenemos son porque los semilleros no se conforman con vender la semilla, sino que quieren capturar una mayor parte de la renta de los productores, obligándonos a comprar semillas todas las campañas o en su defecto comprarnos regalías extendidas. Las empresas tecnológicas que patentan procesos pretenden extender los derechos a los granos. Han desarrollado métodos de detección y quieren cobrar su tecnología en cualquier punto del proceso productivo.

Por último, posiciones intransigentes de las partes, nos han arrastrado a esta situación.

Quiero hacer una pequeña definición sobre lo que entendemos por semilla legal y por semilla ilegal. Conocemos una semilla legal que es la que se comercializa con rótulos de los semilleros reconocidos y estampillas del INASE. Además hay otra cantidad de semillas legales que son las que reserva el productor para uso propio. Esa semilla muchas veces no es contemplada cuando se hacen las cuentas y se habla de bolsa blanca.

Por otro lado, está la semilla ilegal. Esta no solamente es bolsa blanca, no es únicamente la semilla que un comercio vende sin papeles a un productor.

A mi entender, la semilla ilegal es también el comercio de cultivares que aún no están inscriptos, la venta de semilla pre básica, la compra de granos por parte de semilleros que luego se transforma en semilla fiscalizada sin cumplir con todos los requerimientos necesarios para ser semilla.

Por último, es el obsequio de semillas a productores sin documentación. Este caso se dio bastante en las últimas campañas con semilla de soja Intacta que no se podía vender y se regaló a los productores. Claro que es muy fácil regalar semillas, si después te espero en el puerto y te cobro 15 dólares por tonelada.

Para mí es muy claro y es la posición que tenemos en CRA respecto de que cualquier reforma que se haga en la legislación de semillas indefectiblemente va a redundar en mayores beneficios para los semilleros y criaderos, y en una pérdida económica y de derechos para los usuarios. Estamos en una situación donde todo lo que haya que modificar lo tenemos que ceder los productores.

En la opinión pública se ha instalado la imagen de que los productores no queremos reconocer los derechos intelectuales ni pagar la tecnología. La ley de semillas vigente reconoce la propiedad intelectual de los obtentores y les otorga derechos. Pero como los productores tenemos que usar esas semillas en nuestros sembrados, debe producirse un agotamiento de los derechos y es la propia ley la que marca un límite cuando dice que no se lesionan los derechos de los obtentores cuando el productor usa, vende lo producido o hace uso propio del cultivar originalmente comprado.

Las semillas, según nuestra visión, son granos mejorados genéticamente que se venden a los usuarios a precios varias veces superior al de los granos, reconociendo de esta manera la tecnología que tienen incorporada. Asimilamos muchas veces las semillas con los reproductores animales. Por ejemplo, cuando compramos un toro para que se reproduzca, intentamos que se reproduzca cuantas veces pueda y el cabañero no fija el precio de ese toro, sino que lo manda a un remate y no reclama regalías por los terneros nacidos. Creemos que lo mismo debe ocurrir con las semillas.

El productor está dispuesto a comprar nuevas semillas, siempre y cuando las mismas aporten innovación, nueva tecnología, resistencia a enfermedades, tratamientos especiales y un precio conveniente. Si pudiéramos agregar incentivos fiscales como es la equiparación del IVA del 10,5 por ciento contra el 21 por ciento que todos conocemos y desgravaciones impositivas especiales, creo que todo esto aumentaría mucho el uso de semilla fiscalizada y eso sería bueno para todos.

En cuanto al control en el comercio de las semillas, creo que con la ley que está vigente hay herramientas más que suficientes para evitar que se cometan infracciones y poder sancionar a quienes las cometen.

Como ocurre muchas veces, las leyes existen pero no se cumplen o no se respetan y es responsabilidad del INASE hacer que se cumplan.

De ninguna manera entendemos que el control del comercio de las semillas puede quedar en manos de privados, sino que debe ser el Estado quien lo ejerza. Es necesario para ello que el INASE tenga su directorio constituido, el presupuesto necesario y la inteligencia necesaria para llevar a cabo estas acciones.

Hoy creo que hay muchas herramientas tecnológicas como para poder saber qué es lo que está haciendo cada productor. Generamos demasiadas informaciones, informamos qué sembramos, dónde, cómo, cuántas hectáreas, como para poder comenzar a conectar todo esto, hacer una red coherente y poder controlar con mucha más facilidad.

Por último, creo que es muy importante difundir entre los usuarios las buenas prácticas agrícolas referidas a las semillas.

El famoso derecho de uso propio es algo que entendemos que no podemos delegarlo, ya que tenemos que disponer libremente del producto de nuestra cosecha, para venderla, guardarla, usarla como forraje o semilla o darle cualquier otro destino. Todo esto no lo podemos cambiar en favor de una promesa etérea de mejores semillas.

Estamos convencidos, como entidades gremiales, de que no podemos entregar el derecho de uso propio gratuitamente. Si renunciáramos a este derecho nos transformaríamos en simples eslabones integrados de una cadena y hoy sabemos cómo les está yendo a quienes están integrados en la agroindustria.

Entendemos que tenemos el derecho a elegir las semillas que vamos a sembrar con la tecnología que realmente necesitamos y no con la que nos quieren vender, como es el caso típico de lo que pasa en el maíz con la tecnología RR.

Por último, ante una oferta concentrada, el uso propio es la única y última posibilidad que tenemos para seguir sembrando. Si los precios no nos sirven hacemos uso propio.

El derecho de uso propio además promueve la innovación tecnológica. Cuando nos ofrecen innovación y calidad a precio conveniente, compramos; si no hay mejoras seguimos usando la semilla que tenemos de la campaña anterior.

Dado que la ley de semillas vigente no permite la multiplicación por parte de los productores, entendemos que el uso propio debiera limitarse a la semilla originalmente comprada. Creo que en eso coincidimos plenamente con la Sociedad Rural Argentina y las demás entidades gremiales.

Quiero referirme brevemente a las tecnologías protegidas por patentes. Tenemos semillas que condicionan usos y costumbres del comercio de granos, como es el caso de la soja Intacta.

Pusimos en riesgo la comercialización de la cosecha argentina por reclamos de patentes contenidas en las semillas que persisten en los granos. Solo un 10 por ciento de la soja comercializada contiene esta tecnología. Sin embargo, con distintas amenazas estuvimos a punto de colapsar en la última cosecha.

La empresa Monsanto obligó a los exportadores a incluir una cláusula que les permitiera muestrear toda la soja argentina en su primera descarga. Si no lo hacían no iban a emitir cierta documentación necesaria para ingresar soja a China. La documentación en cuestión es la misma que se emite para la soja RR1 y es obvio que el gen es el mismo. No existe un nuevo gen RR2 ni tiene patente. Solo esta patentado el proceso.

Monsanto viola la ley de semillas vigente, genera un sistema de control privado y como el Ministro de Agroindustria frena temporariamente este atropello, queman -literalmente y en la práctica- sus nuevos materiales de soja.

Las patentes debieran otorgarse solamente cuando cumplan con los requisitos básicos de las mismas; que son la invención, la innovación y la utilidad, respetando siempre el hecho de que los seres vivos y sus partes no son patentables.

Sin embargo, los derechos que otorgan las patentes deberían agotarse no solo en el tiempo, sino también en algún punto del proceso industrial o productivo. En las semillas, cuando se introduce un proceso patentado, los derechos de esas patentes debieran agotarse en la semilla misma, aún cuando ciertos compuestos o sustancias persistan en los granos.

Sea cual fuere la ley de semillas, entendemos que lo importante es ejercerla. Los semilleros y los obtentores conocen la legislación, ya que es primordial en el trabajo y en su desarrollo diario. Sin embargo, los productores, los usuarios, en general saben poco de estas leyes o reglamentaciones y como la realidad es que se ejerce poco la ley de semillas, no hay interés por informarse.

Creemos que es fundamental iniciar cuanto antes campañas de difusión entre los productores que debieran estar a cargo de las entidades gremiales, con el apoyo del Estado y del resto de la cadena.

Finalmente, entendemos que deberíamos elegir las semillas que necesitamos de acuerdo a nuestra zona y manejo y cuidar más la tecnología y el ambiente cuando es necesario hacer refugios. Tendría que existir la semilla para hacerlo. Asimismo, deberíamos disponer de los mismos materiales con y sin eventos biotecnológicos y ser más cuidadosos en el momento de aprobar eventos, ya que las consecuencias se manifiestas varios años después. Además, los productores tendríamos que estar ocupando un espacio en la CONABIA.

Para terminar, por sobre todas las cosas defendemos el derecho de uso propio y sostenemos que debe limitarse a la semilla originalmente comprada. Cuando compramos una semilla estamos pagando todas las tecnologías incluidas en ella. Los derechos que otorgan las patentes o las distintas tecnologías deben agotarse en la semilla.

Por último, debería exceptuarse de obligaciones a los pequeños agricultores y permitir el intercambio de semillas originarias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE ALEGRE La Presidencia desea aclarar que todas las presentaciones que han hecho los expositores podrán ser consultadas. La comisión va a efectuar la coordinación pertinente para que puedan ser leídas.

Tiene la palabra señor Lorenzo Basso, representante de UBATEC.

SR. BASSO Señor presidente: agradezco la invitación que me cursaron desde la comisión para participar de esta reunión.

Vengo aquí como presidente de UBATEC, cargo que tengo en este momento a pesar de que en 2012 me tocó encabezar un trabajo que hicimos en el Ministerio sobre una proyecto de ley de semillas. Todas las presentaciones anteriores realmente fueron muy buenas. Felicito al representante del INTA, a David Hughes y a Rodolfo Rossi. Creo que se han explicado claramente las bondades del sistema.

Voy a dividir mi presentación en dos partes muy breves.

La primera es cómo se construye un consenso para formular una ley de semillas, que fue lo que hicimos en 2012. Después voy a comentar brevemente un concepto de innovación que se aplica perfectamente a todo lo que hemos hablado hoy.

Nosotros constituimos la Mesa Nacional de Semillas, que funcionó desde julio hasta septiembre de 2012 con una reunión semanal. Hubo entre ocho y nueve reuniones. Los objetivos de la Mesa Nacional de Semillas tenían que plasmarse en un único texto superador del proyecto de la CONASE, con el mayor consenso posible y sin dejar de tener en cuenta todas las voces en minoría. Esto se logró tras ocho o nueve jornadas de trabajo, y por primera vez el texto final contó con un significativo acuerdo de todos los presentes.

Quiero aclarar que la única entidad que se retiró de la última reunión sin firmar el acuerdo fue la Federación Agraria Argentina. Todas las demás lo firmaron.

¿Quiénes fueron los que estuvieron presentes? Las cuatro entidades gremiales, es decir, la Federación Agraria, Confederaciones Rurales Argentinas, Coninagro y la Sociedad Rural Argentina; de las cámaras del sector semillero y de insumos estuvieron ASA, ARPOV, CSBC y ACTA; de las asociaciones técnicas estuvieron presentes Apresid y AACREA; de las entidades de multiplicadores de semillas estuvieron FEDIA y CASEM; de las asociaciones de cadena estuvieron ASAGIR, MAIZAR, ACSOJA y Argentrigo; de las cooperativas estuvieron ACA y AFA; y del sector público participaron el INTA, el INASE, la Dirección de Biotecnología de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el SENASA, la CONASE y también gente de la Cámara de Diputados. Es decir que estuvo todo el espectro de actores, quienes tuvieron tiempo de discutir sin ningún tipo de presión en una mesa de consenso durante ocho o nueve reuniones.

Luego arribamos al proyecto, que da respuesta a algunas de las cosas que se han presentado hoy acá, ya que han usado parte o la totalidad de ese proyecto. Me parece importante haber sentado a todos en una mesa de consenso y que todos hayan estado de acuerdo. Eso es lo único que yo quiero decir respecto de cómo se trabajó en un proyecto consensuado. Creo que para que un proyecto sea viable deben estar sentados todos los actores en la misma mesa.

Durante este año hicimos tres reuniones en UBATEC, que culminamos con un evento en el Ministerio de Ciencia y Tecnología denominado "Innovatec". Durante este año hubo un boom en innovación. El término "innovación" inundó todos los seminarios y eventos. De todos modos, deja mucho que desear el concepto de innovación que tienen algunas personas.

Por esa razón convocamos a actores de primerísimo nivel para hablar de innovación, de cómo ella impacta y de cómo debería ser la innovación en la Argentina. En definitiva, hablar de una ley de semillas en serio es hablar de innovación.

A continuación voy a presentar un video. Ustedes pueden relacionar mucho de lo que escucharon con lo que van a ver. Se trata de una síntesis de las tres reuniones que mantuvimos este año, donde personal calificado de empresas y de organismos del Estado, como así también académicos del Conicet, vertieron allí sus aportes. Esto es un resumen de eso.

Se proyecta un video.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Invitamos a exponer a los señores Francisco Iguerabide y Federico Bert, representantes de AACREA.

Tiene la palabra el señor Iguerabide.

SR. IGUERABIDE Buenas tardes a todos y gracias por este espacio. Como institución técnica queremos plantear algunos criterios y conceptos para que los tengan en cuenta a la hora de debatir este proyecto de ley.

A modo de introducción, el título de esta exposición "mejoramiento genético", porque consideramos que es uno de los pilares de la agricultura del mundo.

Antes de desarrollar los tres ejes que quiero destacar, voy comentar que somos una institución de empresarios agropecuarios que trabajamos en grupo. Compartimos experiencias, generamos conocimiento y potenciamos ideas para el desarrollo sostenible de las empresas y el país.

AACREA no solamente trabaja para sus empresas, sino también para la gran empresa, como decimos nosotros, que es el país. Desde ese lugar tratamos de aportar con nuestra información y experiencia.

Actualmente somos casi 2 mil socios en más de 220 grupos, estamos organizados en 18 regiones y tenemos un equipo técnico de más de 300 personas permanentes.

Los tres conceptos previos que nos parece valioso rescatar y vamos a desarrollar son los siguientes: la idea de que la ley de semillas impacta en la genética, que tiene una importancia geopolítica; las autógamas, de lo que estamos hablando, que tienen una importancia estratégica para el país, y las recomendaciones de AACREA, que básicamente tienen que ver con un tema sobre el que hemos trabajado hace tiempo, que quizás muchos de ustedes conocen y que está relacionado con las premisas, que son ideas que ayudan a llegar a conclusiones.

¿Por qué pensamos que la genética tiene importancia geopolítica? Algunos de los puntos que voy a mencionar tienen que ver con que la información genética hace a cada planta y con que la semilla define los atributos del producto.

También pone un límite a la eficiencia y optimización, esto se nota cuando se trabaja con una determinada genética, porque con los mismos recursos se puede obtener más rendimiento y productividad. Por eso decimos que suspender o limitar cualquier tipo de investigación nos pone un techo y la genética es la base de la competitividad. Si no tenemos genética, por muy buenas que sean las prácticas que podamos aplicar y por muy buenos que sean los suelos o las lluvias apropiadas que podamos tener, siempre tendremos ese techo y no vamos a poder hacer ese aporte ni a la Argentina ni al mundo.

Básicamente, como frase que resume esto, podemos decir que la productividad de la agricultura argentina no está dada porque La Pampa es húmeda o tenga buenos suelos.

Es la base de una política tecnológica y creo que va más allá de la retribución. Si bien es el punto que genera las grandes diferencias, es importante tener en cuenta la mirada desde la perspectiva de una política tecnológica que es determinante para la agricultura del país.

También la genética tuvo un significado preponderante en la determinación de la frontera agrícola. En la medida en que aparecieron avances en la genética, por supuesto relacionada con técnicas y tecnologías de agricultura, se fue corriendo la frontera agrícola y permitió aumentar la producción en cantidad y calidad.

La Argentina tiene una tradición y siempre fue prioritaria la política tecnológica y los productores siempre acompañaron. Están estudiadas las curvas de velocidad de adopción tecnológica. Siempre estuvo la vocación de incluir a la tecnología o de innovar para poder hacer un mejor aprovechamiento de los recursos, tanto económicos como naturales.

A modo de ejemplo, como datos concretos, están para comparar algunas semillas que no son autógamas, como son los casos del maíz, del algodón y de la soja. Ustedes pueden ver cuál es la velocidad de adopción de cultivares con OGM y es un poco lo que respalda las afirmaciones que comentaba anteriormente respecto de la tradición que tenemos y cómo nos manejamos con la tecnología en la Argentina.

Brevemente, como marco conceptual, quiero decir que cualquier cultivar bajo las mejores prácticas de manejo tiene un límite productivo. La línea superior punteada de la imagen que está en pantalla lo que grafica es que si a ese determinado manejo le agregamos genética, tenemos un cultivar nuevo, que puede recibir mejores prácticas de manejo, lo cual potencia la productividad de un cultivo.

No estamos hablando, como se mencionó en las presentaciones anteriores, de los principales cultivos de la Argentina, sino de todas las autógamas. Luego volveré sobre este tema.

Tal como les anticipé, me voy a referir a la importancia de las autógamas en la Argentina. No estamos hablando solo de una especie porque esto tiene que ver con la diversificación de los usos, del mercado, de las especies y de los cultivares. No solo me estoy refiriendo a cultivares agrícolas, porque hay muchas cadenas forrajeras de la ganadería y de la lechería que dependen de la innovación tecnológica.

Estamos hablando de los productos más conocidos a gran escala y también de muchas economías regionales que desarrollan este tipo de especies autógamas. Sería fundamental mejorar la investigación, el desarrollo y los atributos para que sean más competitivos en la Argentina y en el mundo.

El último punto habla de las potenciales nuevas especies. Hace cuarenta o cincuenta años -puede parecer mucho tiempo para el que no está en esta actividad- nadie se imaginaba que la soja se transformaría en el principal cultivo de la Argentina. Algunos visionarios sí lo hicieron y empezaron a trabajar sobre el tema, pero la mayoría no imaginaba el potencial y el impacto que tendría este cultivo.

Hoy quizá no nos imaginamos -algunos visionarios sí lo harán- que pueden estar apareciendo nuevas especies que en el futuro tendrán gran importancia y que nos permitirán mitigar algunos riesgos que hoy estamos corriendo.

Por eso es estratégico para el país estudiar las potenciales nuevas especies y permitir la investigación y el desarrollo en esos sitios.

¿De qué estamos hablando cuando mencionamos a las autógomas? El 83 por ciento de los productos que se exportan en la Argentina provienen directa o indirectamente de especies autógamas.

Finalmente, antes de releer las premisas quiero expresar mi coincidencia con varios de los expositores anteriores respecto de la importancia del Estado en la información pública, la transparencia de los datos y el rol que tiene para garantizar el cumplimiento universal del proyecto de ley que se va a tratar.

Desde AACREA creemos importante reconocer que la mejora genética y la biotecnología aplicadas a las semillas tienen un valor que deberá ser retribuido, que las herramientas de reconocimiento de valor deben contemplar los intereses de todos los actores de la cadena, que los mecanismos a implementar aseguren al productor el permanente acceso a las mejoras tecnológicas y genéticas disponibles y que el sistema debe asegurar la continuidad de todo tipo de investigación y desarrollo, especialmente aquella que pueda ser de interés para nuestro país.

Quedo a disposición para responder cualquier consulta o efectuar una ampliación sobre estos temas.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor Raúl Boehler, representante de FADA.

SR. BOEHLER Señor presidente: quiero agradecer la invitación al presidente de la Comisión de Agricultura y Ganadería a esta reunión, a la que concurrimos para presentar nuestro proyecto.

Soy socio de FADA y trabajo en la Comisión Directiva de la entidad. Desde allí hemos estado trabajando para generar esta propuesta.

Lo que nos motivó a realizar este trabajo fue, fundamentalmente, encontrar una solución al problema que tiene la vieja ley de semillas. Me refiero a encontrar una solución definitiva, no un parche ni una enmienda, sino algo que nos diera perspectiva hacia futuro y nos posibilitara solucionar el conflicto que con esta ley tienen las autógamas.

En el transcurso de la presentación que vamos a hacer hablaremos de la soja, pero el mismo criterio y mecánica se pueden aplicar a todas las autógamas.

El espíritu de nuestra propuesta es, sin ninguna duda, que los productores paguen por la tecnología. Esto ya lo han repetido varios expositores, por lo que estamos todos de acuerdo en que debe ser la única forma de acceder a la tecnología.

El pago debe ser razonable y equilibrado. Se trata de una cuestión de equidad.

Planteamos una excepción para los pequeños productores, de manera de proteger a la fracción más frágil del sistema productivo.

El planteo que hacemos es simple de implementar, controlar y fiscalizar.

Proponemos un pago único que incluya toda la innovación tecnológica y genética, y el mejoramiento que pueda tener esa semilla. Es importante que esto se entienda así, porque si no se van a diversificar los caminos y se va a generar una mayor cantidad de conflictos.

El pago que plantemos es único y por bolsa de semillas que se utilice. Más adelante verán que hay una referencia a hectáreas. Nosotros decimos que con una bolsa y media sembramos una hectárea de soja.

Aquí estamos proponiendo un valor de canon, que es de 4 dólares por bolsa de semillas que se va a utilizar, lo que serían 6 dólares por hectárea de soja sembrada. ¿De dónde surge este valor? Después de recabar información de los últimos años de lo que se ha pretendido cobrar en concepto de regalías extendidas, los valores oscilan entre 2 y 4 dólares. Nosotros tomamos el valor de 4 dólares por bolsa para hacer los cálculos y como propuesta de pago de canon.

Hablamos de mantener el uso propio oneroso en este caso.

Lo que también planteamos es que sin ninguna duda el poder de policía y control tiene que mantenerse en el Estado, ya que es una facultad indelegable. Probablemente pueda ejercerlo el INACE.

En esta infografía el productor hace un pago único por bolsa. La idea es utilizar los sistemas que hoy están en funcionamiento en la AFIP, agregando, en la misma declaración de sementeras que hace el productor, una columna que diga qué variedades se usan en el caso de la soja y qué proporción tienen del plan de siembra que se está declarando.

Esa información servirá, en primer término, para que se sepa qué es lo que tiene que pagar el productor. El productor va a pagar por todas las hectáreas que siembra de soja.

En segundo lugar, a los semilleros que van a administrar ese fondo les permitirá distribuir ese ingreso en función de la participación y la novedad de la semilla.

Quiero hacer hincapié en la propuesta de exención de los pequeños productores, visto de esta manera: si exceptuamos el 5 por ciento de la superficie de siembra de soja, tomando los establecimientos más pequeños, y a ese grupo le fijamos una alícuota de cero, podemos tomar el 10 por ciento siguiente y determinar un incremento creciente del 10 por ciento del canon. Eso si lo vemos en superficie.

Cuando lo miramos de manera estratificada, el 5 por ciento de la superficie exceptuada implica un 20 por ciento de productores, mientras que el 10 por ciento que va a pagar un canon creciente implica un 15 por ciento de ellos.

De manera que vamos a tener un 65 por ciento de la población de productores que va a pagar el ciento por ciento del canon, un 20 por ciento que va a estar exceptuado y un 15 por ciento que va a pagar un gradiente.

El cuadro que sigue es un poco la conformación de los gráficos anteriores. Acá lo importante es que en la campaña 2015-2016 se sembraron 20 millones de hectáreas. Como se observa en la presentación, el 5 por ciento representaría un millón de hectáreas que no pagarían. Después está la excepción decreciente de superficie, donde vemos que al final son 1.900.000 hectáreas las que estarían exceptuadas, las que representan algo menos del 10 por ciento.

Hablamos de un pago ponderado por participación y novedad. Proponemos que la vida útil de las semillas a lo largo de la cual cobren el canon sea de veinte años y tenga un factor decreciente, conformes vayan envejeciendo en su tiempo de permanencia en el mercado.

En el ejemplo que vemos en pantalla tenemos la semilla "A", que es la que tiene un año de presentada y la semilla "S", que ya tiene veinte años en el mercado. Después hay dos casos intermedios.

La semilla "A", que es la del primer año, tiene un factor del cien por ciento. La semilla "S" tiene un factor del 5 por ciento.

Hablamos de ponderarlo por la superficie que logren conquistar del mercado. En este caso, a los efectos de visualizar mejor la tabla en pantalla, hemos considerado que todas participan en la misma proporción. Cuando tomamos el factor ponderado, vemos que la soja tiene un 46 por ciento de participación. La variedad "F" tiene un 34 por ciento y la última tiene un 2,3 por ciento. En las últimas dos columnas podemos ver la diferencia que hay entre lo que paga el productor y lo que recibe el obtentor.

El productor en todos los casos va a pagar los 6 dólares por hectárea de la superficie que haya declarado. En este caso, por 25 hectáreas, son 150 dólares. Pero va a pagar ya sea que use una semilla nueva o una que tenga veinte años de permanencia en el mercado. Esta es la razón por la que no hay ninguna necesidad de mentir en la declaración jurada, dado que va a pagar igual en todos los casos.

La distribución con el obtentor es distinta y está en relación con la participación en el mercado. Son 279 dólares en el caso de la semilla "A" y 14 dólares en el de la semilla "S".

Por último, proponemos que al momento de entrar en vigencia este proyecto de ley haya un período de adecuación, tal como lo tienen todas las patentes y royalties. Planteamos un período de adecuación de ocho años en el que durante el primer año se pague el 30 por ciento, para luego ir incrementando un 10 por ciento anual. De esta forma se terminaría pagando el ciento por ciento del canon al final del octavo año.

También proponemos que las semillas que se van inscribiendo mientras dura el período de adecuación no envejezcan y mantengan el factor al ciento por ciento para que comiencen a envejecer recién después del octavo año.

Además, está lo que llamamos el blanqueo de semillas. Esto es que el productor que declara en el primer año no tenga una penalidad o un castigo por esas semillas que no declaró anteriormente.

También proponemos de manera complementaria que todos los productores compren un 5 por ciento de semilla fiscalizada sobre la superficie de soja que van a sembrar.

Estos son los puntos más importantes de la propuesta, que pueden encontrar completa en la página web de la fundación.

Quedamos a disposición para cualquier consulta o pregunta que quieran hacernos.



SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor Alfredo Paseyro, de ASA.

SR. PASEYRO Buenas tardes a todos y gracias por la invitación, señor presidente.

Mi presentación tiene cuatro ejes. En primer término, decir quiénes somos como institución para poner claridad cuando habla ASA.

En segundo lugar, indicar dónde está hoy la industria semillera respecto del marco regulatorio actual.

En tercer término, qué impulsa el proyecto que presentamos ante esta Honorable Cámara.

Por último, decir qué esperamos de la futura ley.

ASA fue fundada en 1949. Tiene 67 años de trayectoria con un solo objetivo, que es la semilla. Por eso hemos presentado un proyecto de ley, porque entendemos que tenemos la suficiente entidad como para opinar en la materia. Está compuesta por 83 socios, con una mayoría notable de empresas nacionales y con empresas multinacionales. Aquí vale la pena aclarar que hace más de cincuenta años que tenemos empresas multinacionales en esta actividad; no se trata de los últimos cinco o seis años. Hay mucha historia en esta relación de empresas nacionales y multinacionales. Es una institución pública y una asociación de productores.

Nosotros convivimos con distintos intereses. Pero el germoplasma y la biotecnología conviven en un solo chasis que se llama semilla. Aquí viene lo que hemos puesto como objetivos instituciones y que está definido en el artículo 2° de nuestra estatuto. Es bastante extenso, pero tratando de sintetizar quiero decir que los dos puntos más importantes son los siguientes: por un lado, representar y promover los intereses de la industria semillera ante los sectores público y privado -este es el sector público y aquí lo estamos representando-, y por el otro -a nuestro juicio es lo más importante-, asegurar el derecho de propiedad intelectual. Esta última incluye todo, es decir, el derecho del obtentor, las patentes y las marcas. Nadie habla de estas últimas; acá tenemos empresas que tienen mucha más trayectoria con la marca que con el producto. Entonces, se trata de la propiedad intelectual de las variedades vegetales y de cualquier gen o tecnología incluida en la semilla, considerada como una única unidad en cada uno de sus usos.

Es muy importante que esta mesa y esta audiencia lo tenga presente. Cuando hablamos de la propiedad intelectual de la industria semillera, hablamos de la propiedad intelectual dentro de la semilla con todos sus componentes.

Queremos presentar el ecosistema semillero, cadena o como se lo quiera denominar, según los teóricos. Esto está definido por las categorías que el INASE define en cada uno de los roles.

En pantalla está la composición a la que hacía mención anteriormente, cuáles son las empresas nacionales, multinacionales y demás.

Este ecosistema tiene en la categoría "A" a los obtentores, a los que represento, pero es muy importante destacar el rol de la categoría "D", que son los semilleros, de la "E", que son los identificadores, y de la "F", que es el comercio.

El rol del multiplicador en la cadena semillera es estratégico. Nuestras empresas trabajan con los multiplicadores de manera estratégica, porque distribuimos y damos territorialidad a la actividad de producción de semillas. Cuando miramos cuáles son los actores dentro de esos dos sectores -básicamente son empresas pymes- estamos hablando de más de 1.400 empresas en el caso de los multiplicadores y otro tanto, casi 1.500, en el del comercio.

Para contextualizar cuando hablamos de ley de semillas, la ley de semillas no es una ley que está o vive aislada de otros marcos regulatorios. La ley de semillas está dentro de la Constitución Nacional, que tiene acuerdos internacionales que hay que respetar, como la adhesión a la Organización Mundial del Comercio en lo que es el Acta Adpic, la ley de aprobación de la adhesión al convenio de UPOV de 1978, la ley 20.147 de 1973 y su decreto reglamentario, y la creación del INASE, que es de 1991 y coincide notablemente con lo que hemos celebrado hace poco tiempo, que son los veinticinco años de CONAVIA. Es decir que en los años 90 la Argentina tuvo una oportunidad y una visión estratégica de normar una cantidad de leyes y tratados porque veíamos dónde estaba el futuro y queríamos ir como país.

Uno de los puntos que todavía estamos sufriendo es la ley de recreación del INASE, por lo que pedimos la reconstitución, la formación de un directorio y los recursos, la ley de patentes y todas las resoluciones vigentes. Es decir, no es un problema de falta de marco regulatorio que hay que respetar, sino que es una desactualización en algunos puntos y es básicamente una ley que tiene más de 43 años y que tiene que adecuarse a todo lo que dijeron los que me precedieron. Asimismo, debe cumplir las resoluciones que hoy están vigentes.

A fin de contextualizar la ley de 1973 y la realidad actual trajimos estos dos gráficos que se ven en la pantalla. En 1973 la matriz productiva argentina tenía prácticamente un 75 por ciento de híbridos -es decir que había una protección natural a la propiedad intelectual- y un 25 por ciento de trigo de producción de autógamas.

Esa figura hoy es un espejo, pero al revés. O sea, el 75 por ciento son autógamas -trigo, soja y cebada-, con 20 millones de hectáreas de soja, y un 25 por ciento es maíz, sorgo y girasol.

En 1996 se produjo un fenómeno que es la incorporación de la biotecnología, básicamente en la soja. Allí se produjo parte de la desactualización que mencionaba hace un rato: la biotecnología trajo enormes beneficios económicos, agronómicos y de cuidado del medio ambiente, pero sobre todo la incorporación de nuevas fronteras productivas como es el NEA y el NOA.

¿Dónde estamos hoy, cuarenta años después, con el uso de semilla fiscalizada en cada una de sus especies? Naturalmente, aquellas que tienen protección de la mano de los híbridos son las que tienen prácticamente un ciento por ciento de uso de semilla fiscalizada. El resto, como ven ustedes -soja, trigo, forrajeras, papa, algodón, etcétera-, está muy por debajo en cuanto al uso de semilla fiscalizada que un país requiere; no estoy haciendo una comparación con los Estados Unidos, sino con Uruguay, Paraguay o Brasil.

Voy a dejar la soja de lado por un minuto, así podemos hablar de una ley de semillas. El caso del maní para Córdoba es clave y estratégico, aquí hay gente que conoce muy bien este tipo de cultivo, como los miembros de FADA. La Argentina es el primer exportador mundial de maní y tiene un solo fitomejorador con el Semillero El Carmen, además del trabajo conjunto que hace con el INTA. Ocurre lo mismo en el caso del algodón.

Desarrollar cualquiera de estas variedades no lleva menos de diez años. Estoy hablando de pequeñas y medianas empresas en su totalidad. Insisto en que es clave tener al momento de decisión la magnitud de las empresas. Muchas veces se habla del sector semillero pensando que todas son empresas multinacionales, y es todo lo contrario.

¿Cuál es la evolución del mercado de semilla fiscalizada? Tal como lo muestra el gráfico, en los años 90 hubo un pico cuando apareció la biotecnología. Nunca más volvimos a estar en ese nivel. Es decir, con casi el 50 por ciento de uso de semilla fiscalizada. Eso responde a lo que hace un rato decía Francisco Iguerabide: la adopción del productor de las nuevas tecnologías no hace falta explicarla, sino que queda demostrada cuando aparece algo como fue la soja RR en los años 90. La curva de regresión sistemáticamente fue decreciendo.

Hoy, los guarismos de la soja muestran que la semilla fiscalizada no supera el 15 por ciento. Esto es necesario revertirlo, atenderlo y entenderlo.

Con respecto a la evolución de los obtentores y los programas de mejoramiento, tal como lo mencionó hace un rato Adolfo Cerioni, del INTA, lo que está ocurriendo es que se produce una reducción del 50 por ciento de los obtentores. De esta manera van desapareciendo empresas y puestos de trabajo.

Lo que no desaparece es la importación y adopción de germoplasmas. Esto ocurre en el caso del trigo con el germoplasma francés, francés, pero teniendo el conocimiento y el patrimonio de las empresas que tienen de más de cien años en este cultivo. Es imposible sostener programas de mejoramiento con el sistema actual. La fuente de estos datos es el INASE. O sea que van desapareciendo obtentores y multiplicadores.

Quiero volver sobre la figura del multiplicador, que pocas veces ha sido discutida en la ley de semillas. Los multiplicadores son empresas con territorialidad, pymes que hacen enormes esfuerzos para cubrir ese lugar estratégico dentro de la multiplicación, pero que tienen definido bien su rol y se inscriben dentro de la actividad como multiplicadores. Son productores con alto nivel tecnológico que asumen un riesgo y se convierten o reconvierten en su papel y pasan a ser multiplicadores.

Entonces, definamos el rol que cada uno quiere tener en la cadena de la producción y que cualquier productor que quiera convertirse en multiplicador lo pueda hacer.

Pero, en suma, el destino no es el mayor aliciente.

La idea de forzar la situación, cuarenta años después, se grafica en la imagen que aparece en pantalla. ¿Qué estoy diciendo con esta imagen? Con dos bolsas de cualquier autógama, sea de soja, trigo, maní, etcétera, podemos hacer una hectárea. La campaña siguiente debo destinar toda la cosecha a semilla, o sea que no hago nada con el grano. Puedo estar sembrando 35, 37 o 40 hectáreas, dependiendo de la densidad. Al siguiente año, puedo estar sembrando 1.300 o 1.400 hectáreas.

Todo esto es dentro de la ley y se basa en la realidad actual. Entonces, ya no se trata de si es semilla legal o ilegal: hay que encontrar una solución a este marco de uso propio restringido. Hay un claro desbalance entre lo que se quiso escribir en 1973 y lo que tenemos como realidad hoy.

El 1 por ciento de semillas fiscalizadas en el caso de la soja significa 850 puestos de trabajo directos dentro de las plantas. Me refiero tanto a las empresas obtentoras como a los multiplicadores. En cuanto a los impuestos que no se pagan, estamos hablando de más de 90 millones de pesos que no se pagan porque eso no pasa por ninguna empresa ni por ningún sistema de control impositivo.

Si queremos ver las consecuencias -y no estoy hablando de amenazas-, estas son las consecuencias naturales de lo que está pasando hoy. Aquí se habló de quemar. Se quema por una imposición del acto regulatorio, no por voluntad. Pero, no importa. Lo que quiero decir es que hay tecnologías que no van a estar disponibles, porque no están dadas las condiciones. Asimismo, hubo tecnologías que ya estaban listas para salir al mercado, pero hubo que retirarlas porque es imposible seguir sumando problemas como el que ya tenemos en la comercialización de la soja.

¿Qué impulsa el proyecto que presentó ASA y que tiene como eje lo que presentó el ingeniero Lorenzo Basso? Se trata del proyecto de 2012, que fue elaborado con un alto consenso, con variada participación y con un método al momento de hacer el ejercicio.

Lo que promueve, tanto la multiplicación como la comercialización de semillas, son los medios para una eficiente actividad de creación.

La protección de la propiedad de los nuevos cultivares para los obtentores y desarrolladores biotecnológicos, sin restricciones. Entendemos que la Argentina está buscando una normalización en todas las actividades y no veo que haya intención de restringir ninguna otra actividad. No encuentro el sentido de por qué en esta ocasión hay que hacerlo.

Este punto me parece central: el bien común. La seguridad para los productores agrarios de contar con la mejor semilla con identidad y calidad. Esto nos va asegurar los objetivos de los 150 millones de toneladas de producción. Ahora bien, no hay que poner en riesgo las nuevas tecnologías. Demostré recién que los productores de punta corren el riesgo de quedarse sin las nuevas tecnologías si no encontramos una solución a este problema.

Que se impulse la investigación nacional en cultivos nativos y regionales. El caso del INTA en la transferencia de las tecnologías y en la articulación público-privada es clave. La Argentina tiene enormes oportunidades, por ejemplo, en el caso de las legumbres, de ir a producciones mucho más importantes que las que tiene hoy. Pero obviamente debe tener marcos que le brinden esa posibilidad. Pongo el caso del garbanzo, que es un cultivo estratégico. La semana que viene se hace una jornada de legumbres en Salta y en el caso del garbanzo hay una sola fitomejoradora, que es de la Universidad de Córdoba en acuerdo con el INTA. Es un esfuerzo personal. Hay solamente tres variedades de garbanzo en la Argentina, por lo cual es un producto que tiene grandes posibilidades.

Otro ejemplo es el poroto. El poroto en el NOA es un cultivo estratégico. Mi primer trabajo fue como tabacalero. En su momento tuve mucha relación con la Cooperativa de Perico en Jujuy. Hoy no existe un programa de mejoramiento genético en un cultivo como el poroto.

Incrementar el uso de semilla fiscalizada. Esto hace a la generación de trabajo. La semilla fiscalizada pasa por las empresas, el sindicato y la UATRE, y significa salarios, cargas sociales e impuestos. Es decir que esto persigue el bien común.

Por último, ¿qué impulsa? Impulsa cubrir las necesidades en todas las especies. No queremos circunscribir la discusión del proyecto de ley de semillas a la soja.

¿Qué espera la industria? Que no hablemos de una ley de soja, sino de una ley de semillas. Con la cantidad de especies que hizo mención el INTA o con las nuevas especies, como dijo Francisco Iguerabide. No sabemos cuál va a ser el futuro ni los cultivos en los próximos treinta años. Si limitamos la discusión a la soja seguramente nos vamos a equivocar.

Argentina tuvo la primera ley de semillas en Latinoamérica, fue pionera y hoy tenemos la posibilidad de reeditar ese liderazgo. No nos limitemos nosotros mismos.

Que nos pongan en igualdad de condiciones para competir con el mundo desarrollado. Estamos viendo las concentraciones que se dan en los países. La Argentina tiene conocimiento, ha tenido varios Premios Nobel y energía nuclear, tiene energía satelital y conocimiento para hacer biotecnología desarrollada acá.

Entones, hay que encontrar el marco adecuado para que eso pueda suceder y nos permita insertarnos en el mundo competitivo y de libre comercio. Es necesario contar con una marco legislativo moderno que brinde previsibilidad a toda la propiedad intelectual. Insisto en que la propiedad intelectual es el derecho del obtentor, la patente y la marca. No es solamente el derecho del obtentor contenido en todas las creaciones fitogenéticas.

Obviamente, estamos hablando de un uso propio oneroso y que sea el exceptuado el que el Estado establezca. Tiene que haber alguien con algún incentivo, con alguna protección y estamos de acuerdo que no nos corresponde a nosotros como empresarios decir quién sí y quién no.

El pago en cada uso de una variedad protegida es clave sin fijación de precios. Insisto en que la Argentina está yendo a una libertad de mercado. No entendemos por qué en esta actividad, en este insumo, hay que hacer un retroceso.

Para finalizar, se necesita un marco de control público-privado eficiente.

Señores legisladores: esperamos que la nueva ley pueda convertirnos en el semillero tecnológico del mundo y evitemos el apagón tecnológico que se puede producir si no vemos esta enorme oportunidad que tiene la Argentina.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor Obdulio San Martín, representante de la empresa Don Mario.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Tiene la palabra el señor Federico Trucco, en representación de Bioceres.

SR. TRUCCO Buenas tardes. Supongo que están todos bastante cansados. No se preocupen porque soy el último orador.

Quisiera agradecer la invitación a participar de esta audiencia pública.

Bioceres es una compañía que se dedica a hacer lo que muchos piensan que no se puede hacer en la Argentina. Es una empresa dedicada a la biotecnología agropecuaria, la que va adentro de las semillas como las que vende la gente de Don Mario. Nació en 2001, cuando parecía que nos caíamos del planeta y que todas estas tecnologías que habían generado un fenomenal crecimiento del sector agropecuario, particularmente del cultivo de soja, no iban a llegar más porque venían de afuera. Los genes, los trades y los eventos que hoy utilizan nuestros principales cultivos son desarrollados en el exterior.

No obstante, hubo un grupo de productores agropecuarios que de una manera quizás muy ingenua percibió que nuestro país, que tenía la capacidad de creación de conocimiento, una trayectoria en el espacio de las ciencias de la vida, tres Premios Nobel -lo que no tiene ningún otro país de Latinoamérica-, el Conicet -que cuenta con 2.500 investigadores dedicados a las ciencias de la vida- y el INTA -que tiene una historia de desarrollos importantes-, podía tener lo suyo. En ese camino nos embarcamos en 2001.

Para hacer de una historia larga un relato corto, les comento que Bioceres es una compañía que actualmente tiene 305 accionistas. Quien más posee tiene un 4 por ciento de su capital. Los accionistas son fundamentalmente productores agropecuarios argentinos.

Además, Bioceres es una compañía asociada con el sistema académico. Tiene más de 101 patentes compartidas en gran parte con el Conicet. Es la única empresa que desarrolló una variedad con tolerancia a sequía en soja, por método de transgénesis cubierta por treinta patentes a nivel internacional. Por otra parte, es la primera empresa en ser aprobada en un mercado relevante como es la República Argentina.

Después de quince años de proceso, hoy nos toca empezar a cosechar algunos frutos. Hicimos un trabajo colaborativo con el sistema académico, con una inversión en ciencia y tecnología en los últimos doce años realmente distinta e importante, que hoy tiene la posibilidad de llegar al sector productivo y crear empleos. Bioceres emplea actualmente a 550 personas. De hecho, desde hace un año se nos ha aprobado para hacer una oferta pública a nivel internacional en el mercado de Nueva York, y también en el mercado local, porque queremos hacerlo como una sociedad rosarina.

Pero cuando estábamos casi listos para salir apareció una noticia en Bloomberg que decía que en la Argentina no se podía cobrar la propiedad intelectual en el cultivo de la soja. Eso ocurrió en abril, cuando salió la resolución 140 del Ministerio de Agroindustria, que de alguna manera puso ciertos condicionamientos a lo que una empresa multinacional había establecido a nivel local para capturar valor en este cultivo.

La Argentina siembra 20 millones de hectáreas de soja, pero el mercado de regalías es muy pequeño; probablemente menos del 10 por ciento de lo que es el mercado brasilero y mucho menos que el norteamericano, que son nuestros principales competidores en este cultivo en particular.

Por lo tanto, ahí quedó nuestro sueño porque para esa compañía multinacional la Argentina es un mercado más; es importante pero es un mercado de oportunidades. Pero para nosotros es nuestro mercado doméstico y era nuestra oportunidad para hacernos fuertes en un sector que tiene la Argentina y que es internacionalmente relevante. No hay muchos otros sectores de nuestra economía que sean internacionalmente relevantes.

Por eso estamos acá dando nuestra opinión y comunicando la importancia que tiene para nosotros la ley de patentes, que es el marco jurídico con el cual hicimos este grupo de inversiones en los últimos quince años.

Hay aspectos de la modificación de la ley de semillas que van más allá de tratar de mejorar la situación que tienen nuestros amigos en el espacio del germoplasma y que de alguna manera buscan menoscabar la capacidad que hoy tiene la ley de patentes en los procesos de captura de valor.

Por eso, como empresa estamos apoyando fuertemente el proyecto que presentó la Asociación de Semilleros Argentinos y que creo que tiene un apoyo unánime del sector industrial.

Hemos creado la Cámara Argentina de Biotecnología porque en algunos temas disentimos con nuestros amigos de ASA y tenemos una agenda más nacional y no vinculada con algún interés multinacional. Pero en este punto estamos todos de acuerdo con este proyecto, que de alguna manera revitaliza el esfuerzo de 2012.

Lo que nos preocupa del proyecto de ley oficial y de otras iniciativas impulsadas por grupos de productores es la idea de limitar los modelos de negocios. Cuando uno trata de proyectar números hacía adelante, lo hace con información de hoy. Pero el futuro no es la proyección del presente. El futuro es el futuro y, por lo tanto, tiene cierto grado de imprevisibilidad.

Entonces, tengamos cuidado cuando en una ley que debería durar cincuenta años incorporamos aspectos vinculados con modelos de negocios, es decir, quiénes son los buenos y quiénes son los malos, porque eso cambia en cinco minutos.

Lo que tenemos que hacer desde nuestro humilde punto de vista es legislar sobre los principios y el reconocimiento justo al capital intelectual, entendiendo que vivimos en una sociedad del conocimiento. Quizás un activo intangible vale más que un activo físico y que tanto uno como otro son propiedad privada. Desde ese punto de vista, cualquier limitación va a ser un desincentivo a la inversión.

Nuestra compañía anhela seguir creciendo, tiene un proyecto para invertir 150 millones de dólares en el país. Para eso necesitamos demostrar que la Argentina es un país donde se puede cobrar por la propiedad intelectual y por eso nos parece importante lo que está debatiendo esta comisión.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Ha finalizado la ronda de expositores.

Tiene la palabra el señor diputado Casañas.

SR. CASAÑAS Señor presidente: quiero felicitarlo. Creo que es la primera vez en siete años que me quedo durante toda la reunión y escucho atentamente todo lo que dicen porque es un nivel muy bueno.

Todos fueron contundentes y el 99 por ciento está de acuerdo en que se necesita una nueva ley de semillas, salvo CRA, que fue claro y categórico en decir que no. El resto está reclamando una nueva ley de semillas.

La Federación Agraria, que expondrá en la próxima reunión y que al igual que CRA representa a los pequeños productores, es autora de un proyecto de ley y está pidiendo la sanción de una nueva ley de semillas.

La ley de semillas tiene más de cuarenta años y en este tiempo han habido muchos avances tecnológicos a nivel mundial, por lo que me parece que tenemos que trabajar para lograr un dictamen. Hoy es 15 de noviembre y tenemos posibilidad de dictaminar hasta el día 20. Si esto queda para el año que viene, habría que hacerlo para marzo o abril porque después, por las elecciones, va a pasar otro año más sin que podamos sancionar la nueva ley.

Todos los que están aquí tienen capacidad de sobra, fueron contundentes y conocen la necesidad de esta ley, por lo que no me animaría a agregar muchos más datos. Pero me parece que los legisladores nacionales tenemos que hacer esta semana el esfuerzo de concurrir a la reunión que usted está convocando para el jueves y lograr un dictamen para que podamos tratarlo en diciembre en este Parlamento. Quiero felicitarlo por la reunión.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Gracias, señor diputado. Vamos a seguir trabajando en busca de los consensos y escuchando porque el debate no se agota si eventualmente se arriba a un dictamen. Por el contrario, se agota el día del tratamiento del proyecto en el recinto

De manera tal que para nosotros es importante escuchar a todos y para nuestros invitados es importante ser oídos. Me interesa que quede en claro que en esta comisión estamos trabajando por una ley de semillas. Como dijeron algunos expositores, la ley de semillas no es una ley de semillas de soja, sino que significa comprender toda la variedad o el universo de lo que se llama semilla, que empieza en las plantas.

Además, la preocupación de la comisión es la protección del desarrollo intelectual o del desarrollo intelectual de los investigadores argentinos, que creemos que deben cobrar por la propiedad intelectual para poder seguir trabajando en este espacio, porque si el mercado de semillas no lo hace la Argentina, la semilla la tendremos que comprar importada de otro lugar, en cuyo caso ni siquiera tendremos derecho a la más mínima discusión.

Tiene la palabra el señor diputado Ziegler.

SR. ZIEGLER Señor presidente: quiero agradecer a todos los que nos visitan.

Escuché a algunas de las personas que presentaron su visión por distintas organizaciones. Quiero decirles que lo que estamos buscando desde la comisión, por iniciativa del presidente y de todos los que la integramos, es encontrar un razonable equilibrio entre los intereses de todas las partes.

Aquí hay un interés muy claro y manifiesto de los obtentores y de los registros. Creo que estamos acercándonos. No estamos lejos de un acuerdo y un consenso general donde estén representados los intereses de los pueblos originarios, de los pequeños agricultores, de quienes ofrecen semillas a los agricultores que cultivan más superficie y de quienes guardan semilla. Insisto: estamos tratado de lograr la mayor de las integraciones.

Por las exposiciones que alcancé a escuchar -y pido disculpas por haber llegado tarde, pero hoy hubo cerca de treinta comisiones trabajando en forma paralela-, entiendo que no estamos tan lejos de lograr un acuerdo razonable que contemple el interés de todos los actores, como decía recién el presidente.

Más allá de que le estamos poniendo el acelerador con mayor velocidad, lo queremos hacer con la prudencia de lograr el mejor equilibrio para que todos queden plenamente satisfechos.

SR. PRESIDENTE ALEGRE Visto que no hay más diputados que quieran hacer uso de la palabra, vamos a dar por finalizada la jornada de hoy.

El jueves vamos a estar convocando a una reunión para tratar un tema de lechería que nos ha quedado pendiente y vamos a seguir conversando sobre la ley de semillas. El martes que viene a las 14 vamos a convocar a una serie de expositores también interesados en este tema. Están todos invitados, porque la idea es escucharnos entre todos.

Lo bueno de este tipo de reuniones es que uno ha escuchado opiniones muy diversas, en algunos casos encontradas, y sin embargo podemos respetarnos mutuamente en el desarrollo de esta reunión y por eso quiero felicitarlos. (Aplausos.)

No habiendo más asuntos que tratar, queda levantada la reunión.

Es la hora 17 y 20.